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sábado, 30 de noviembre de 2013

Si su familiar le dice: “ya vengo, voy a renovar el pase” no le crea, es la peor mentira que le han dicho en su vida. Para seguirle la corriente a los creativos que se inventan medidas como estas, los colombianos deben contar con tres días de disponibilidad o pedir un permiso por calamidad doméstica, porque lo que se le viene en adelante es el mismísimo infierno.

Primero, usted tiene dos opciones, pedir una cita médica que le darán dos meses después por la cual usted debe pagar $110.000, o acolitarle la vagabundería a un tramitador de los que se aglomeran en las entradas de los SIM, “Servicios Integrales para la Movilidad” (jajaja), para que le den la cita médica ese mismo día.

Ya con cualquiera de las dos opciones, usted entró perdiendo y ya va “tumbado” cual cerdo navideño para desenguayabe pascual. Al presentarse en un centro de salud “amarrado” por el SIM, el cual a partir de este momento lo conoceremos como Sala de Infarto Mortal, usted jurará que con uno o dos tuits se le va a pasar el proceso que viene a continuación, pero no, lo que viene hasta ahora es un purgatorio de preguntas, casi tan inteligentes como las de las declaraciones de aduana al llegar a otros países.

Después de haberle regalado medio día a este brillante proceso, el ciudadano responsable procede a ingresar a la Sala de Infarto Mortal, SIM. En esta Sala, más enredada que el libro de Pastrana, usted permanecerá mínimo dos días contando el número de errores y las interminables “caídas de sistema”, palabra que de ahora en adelante será el elixir de cualquier requerimiento de los presentes.

Con actitud y cara de Gobernante tuitero sin popularidad a punto de salir por la puerta de atrás de la capital, los funcionarios de esta sala indican con la mandíbula el tipo de fila que usted debe de hacer, en este caso, para renovar la licencia de conducción. Al llegar a su destino el ciudadano puede encontrarse con múltiples factores que le impedirán el acceso al otro círculo del infierno; excusas como: “no aparece en el Runt”, “papito debe unos comparendos” o “se nos cayó el sistema”, son unas de las utilizadas para hacer que su estadía sea casi tan agradable como la vivida en los últimos meses en las salas de espera de Avianca.

Una vez superado el primer filtro de paciencia, usted deberá tomar un turno más lejano que el mismísimo baloto, eso sí, posando su humanidad en el piso, el cual seguramente es más confortable y limpio que las sillas dispuestas para su espera. Ahí, tendrá que estar dispuesto al vecino hablador, al problemático, al gritón y al amigo del amigo que no se cansa de repetir que de haber sabido que eso era así lo hubiera llamado para agilizar esa “vueltica”.

Ya con sobredosis de Advil en su cabeza, el celular descargado y el calor acumulado de este segundo círculo infernal, suena en el más allá una voz con su nombre. Con un tono casi infrahumano, esa voz lo invita a pararse en un telón amarillento para tomarle la dichosa foto que lo acompañará dentro de los próximos 10 años, sino se le olvida manejar. Su pase, diseñado aparentemente por los mismos creativos del balón de fútbol frutinezco del rentado nacional, acaba de sacarle de su bolsillo otros 54 mil pesos, los cuales seguramente no alcanzarán para taparle los huecos que tiene al lado de su casa. ¿Por qué sale “así” en la foto del pase?, Tienen el descaro de preguntar algunos. 

Hasta ahí todo es normal, burocracia, corrupción, trámites innecesarios y patética atención al usuario. Dos horas después, entre firmas, huellas y actualizaciones de datos, el encargado del SIM lo llama aparte a decirle que debe volver a hacer todo el proceso, ya que aleatoriamente el “sistema”, deja algunas licencias sin imprimir y que peor aún, dicho sistema “se cayó” y no hay acceso a los datos que ya había diligenciado con anterioridad. 

Así le den muchas ganas, no se ría, no hay cámaras que salgan de los cubículos a decirle que es “la pega millonaria” que catapultará la credibilidad del Alcalde; No, es la realidad de una constante que se vive todos los días en el país, a la cual NADIE le presta atención: la captación de dineros a través de mecanismos coactivos y sancionatorios. 

Eso es corrupción, es la forma más baja de robarle al pueblo. Dejen de inventarse renovaciones, adendas, reformas, trampas y cortinas de humo. Mientras le sigan robando al pueblo, incluso con necesidades ficticias como las del pase, no existirá tranquilidad, paz o por lo menos efectividad en el desarrollo de una sociedad que está despertando frente a esa forma oscura para desviar la atención de sus propios errores. 

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