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  • Juan Carlos Agudelo Calderón

sábado, 2 de julio de 2016

Ahora bien, en el caso de los artistas se debe prestar especial atención al hecho de que muchas veces no basta con licenciar la explotación económica de la imagen del artista, pues de hecho, no son pocas las ocasiones en la que pasa desapercibido que también puede ser necesario licenciar uno o varios derechos de autor, dependiendo de las obras que se utilicen en cada caso.

Pensemos, por ejemplo, en una campaña publicitaria que quiere que un artista aparezca en un comercial de televisión en el que también se le pueda ver y escuchar interpretando una de sus canciones. En ese escenario, observamos que el empresario que quiere explotar tanto la imagen del artista como los derechos de autor de la canción que se utilizaría en el comercial, debería asegurarse de que en el correspondiente contrato se le licencien al menos tres tipos de derechos diferentes.

Primero, el derecho autónomo a la propia imagen del artista porque toda persona tiene la capacidad de determinar el alcance, la duración, la intensidad y la divulgación de reproducciones que se realicen de su imagen, así como de sus rasgos físicos característicos u otros detalles particulares que permitan identificarla o individualizarla. 

Además, se deberá tener especial cuidado a la hora de explotar su propia imagen porque como es apenas lógico, ellos normalmente se aseguran de reservarse y proteger muy bien este derecho, especialmente cuando buena parte de sus ingresos dependen de ella.

Segundo, los derechos patrimoniales de autor que son los asociados a la explotación económica de las obras que todavía no han pasado al dominio público, lo que en Colombia sucede a los 80 años de la muerte del autor. 

Tercero, los derechos conexos de autor que son derechos patrimoniales de autor asociados a los derechos de autor principales, entre los cuales se encuentran los de los intérpretes y ejecutantes. Como su nombre lo indica, los derechos conexos tienen esa calidad respecto de los derechos de autor principales.

En ese orden de ideas, los derechos de un intérprete sobre una canción son conexos de los derechos principales del autor de la letra y de la melodía de la canción. Se les llama derechos conexos porque justamente son complementarios de los derechos principales, ya que los derechos conexos no podrían existir sin los principales.

Los derechos de autor y los derechos conexos pueden estar en cabeza de una sola persona si, en el caso de la música, es una sola persona la que compone e interpreta la canción, sin embargo, también es posible que el autor de la obra sea una persona diferente de quien la interpreta, y en ese caso será necesario contar con las respectivas autorizaciones de cada uno de los titulares originarios o derivados de cada uno de los derechos.

Finalmente, también será importante revisar otros aspectos como por ejemplo el término de tiempo de licenciamiento de cada uno de los derechos, su alcance geográfico, la contraprestación y las posibles cesiones automáticas de derechos de acuerdo a lo establecido en la Ley 1450.
 

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