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Viernes, 6 de diciembre de 2013

Esta semana de peleas entre Ernesto, César y Andrés, posibilidades ante la flamante aparición de Íngrid, Simón renovado en el partido no-renovado, Piedad y Jorge Enrique aprovechando coyunturas sociales para generar exposición en medios, la discusión del salario mínimo, olvidando como contexto las millonarias primas a nuestros legisladores ausentes y Gustavo tuiteando sin parar, las reflexiones de los colombianos, antes de comprar los regalos de navidad, deberían ser, cómo asegurarnos en el caso de que llegue la famosa hecatombe ya visualizada algunos años atrás.

Bajo los anteriores argumentos y en los evidentes vacíos jurídicos y constitucionales que padecemos todos los colombianos que salimos a trabajar a diario para mantener a nuestras familias, es impensable no cuestionarnos sobre la necesidad de contar con un seguro que en resumen brinde tranquilidad y en especial confianza frente a un eventual suceso inesperado como perder el trabajo o el patrimonio que con dedicación y esfuerzo, o por lo menos responsabilidad cada uno ha venido forjando.  

Mientras nuestros gobernantes, velan por nuestra seguridad, a partir de medidas restrictivas que ponen la seguridad de la ciudadanía en la ciudadanía misma, las coyunturas sociales no distinguen entre estratos o clases. Un claro ejemplo de esta ineptitud gubernamental es el que vivimos día a día en Bogotá, en donde su Alcalde, recomienda ante el aumento de la delincuencia, evitar el uso del celular en la calle o en otros casos que los vehículos se queden parqueados en la casa, en vez de fortalecer la seguridad civil y lo mecanismos de vigilancia y control para defender a sus bobernados. 

Ante la creatividad, el ingenio criminal y las recomendaciones del burgomaestre capitalino, estamos adportas de tener que quedarnos encerrados y no salir ni para hacer mercado, en donde evidentemente y según los acontecimientos del día jueves en un reconocido establecimiento, también corremos un grave riesgo de ser insultados, vulnerados o incluso golpeados por algunos de sus vigilantes.

Esta semana estuve invitado al Foro de Perspectivas Económicas 2014, organizado por Positiva Compañía de Seguros; según ellos, son pocos los colombianos que cuentan con un algún seguro especial, bien sea de vida, de bienes, de salud o contra siniestros laborales e incluso naturales. Según Fasecolda, cerca de $3.8 billones han pagado las compañías de seguros en lo corrido del año por motivo de siniestros. 

De esos $3.8 billones, 41,3% ha tenido que ver con seguros de vida, 29% por indemnizaciones en casos referentes a la salud y 52% por accidentes o muertes dentro del espectro de riesgos laborales y profesionales. Ojalá algún día pudiéramos establecer unos seguros contra las administraciones gubernamentales perversas, que se encarguen de indemnizar a cada uno de los que no alcahueteamos cualquier tipo de vagabundería política. 

Estudios expuestos por esa misma Compañía y realizados por Swiss Re, indican como ya lo mencioné, que los colombianos invierten muy poco en seguros. En promedio, un ciudadano invirtió el año pasado US$187 anuales, mientras que en países como Brasil una persona invierte en promedio US$414, en Venezuela US$474, en Chile US$601, en Argentina US$376 y en menor proporción Ecuador y Perú con US$101 y US$100 respectivamente.

Para los próximos meses, de ambiciosas promesas electorales mentirosas sobre todo en los temas de generación de empleo, las compañías de seguros ofrecen también un seguro contra el desempleo, que según el Dane se ubica a noviembre en 7,8%. No está de más que usted afine un poco mejor la visión sobre su futuro y si se repite la maldición de los bobernados por lo menos esté cubierto frente a una eventual problemática laboral.

Recuerde que Íngrid puede seguir demandando al estado, Piedad puede volverse a lanzar a alguna otra cosa, la salud no es tan importante para nuestros legisladores, y lo peor y más delicado, el exconcejal de Chía ya tiene nuevamente su pase. Asegurémonos inmediatamente!