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lunes, 28 de mayo de 2012

El fallo se produce luego de decidirse favorablemente en primera y segunda instancia, la solicitud y obtención de cancelación, por no uso, como marca, del registro figurativo del famoso dibujo animado.

La solicitud triunfante de la entidad sin ánimo de lucro colombiana fue objeto de dos oposiciones: una, con base en la razón social del opositor, colombiano también, con actividad de T.V., la cual contiene la expresión Correcaminos. No tenía este, ni registro marcario, ni depósito alguno, ni se encontró acreditación de uso efectivo en el mercado. En segundo lugar, se opusieron con base en la obra (y en la marca) Road Runner.

Esta marca en otras clases, y el mencionado signo figurativo, que resultó cancelado por no uso. Para comprender el sentido del fallo, conviene recordar que una cosa es una obra, otra diferente el título de la obra, y otra, los personajes de la obra. En cuanto a las obras cuya titularidad está en cabeza de personas jurídicas, consagra la norma interna colombiana una protección patrimonial máxima de 30 años, y la norma andina le otorga 50. Por su parte, los títulos de las obras, cuando son individuales y característicos, como en este caso, se protegen a favor del titular, de tal manera que los terceros no pueden aplicarlos a una obra análoga (Art. 86 L.23/82). Aquí, ni se trataba de una obra (solicitud de marca), ni su objeto es análogo; pero aunque así fuera, pues están ya, tanto la obra como el título, en el dominio público, dado el tiempo transcurrido.

Por último, conviene indicar que en Colombia, los personajes no son objeto de protección con base en Derechos de Autor, tal cual lo ha precisado la doctrina y la Jurisprudencia. Cosa diferente son los dibujos, los cuales, en la medida en que tengan originalidad encuentran protección como obras. Otorgan a su titular un derecho patrimonial temporal y luego entran al dominio público. Por ello, sus titulares buscan perpetrar la protección por medio de registros marcarios, sabiendo que estos, a diferencia de los Derechos de Autor, resultan renovables indefinidamente, por periodos de 10 años.

Sin embargo, tienen requisitos diferentes para conservar vigencia, ya que para mantener los derecho de autor sobre una obra no hay que usarla, ni siquiera como obra; en cambio, para mantener un registro marcario sí se debe usar el signo como marca, esto es, para distinguir ventas efectivas y suficientes bajo el respectivo signo, de los productos o servicios para los cuales se realizó el registro. En este caso el servicio de entretenimiento acreditado se pudo haber prestado bajo los nombres de los titulares, pero ni estos, ni los canales, ni los distribuidores se llaman Correcaminos, y lo más importante, las ventas efectivas no se hacen bajo el signo Correcaminos (ni tampoco bajo el signo Road Runner). Por último, recordemos lo más importante de esta normatividad: que el signo objeto no genere confusión, 'para el público entre la obra y el producto o servicio que se pretende distinguir con le mismo signo'.

Esta es la esencia de la muy acertada doctrina de la SIC, que se atiene a la obligatoria interpretación prejudicial realizada en casos semejantes por El Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina. Ilustra El Tribunal la citada reflexión con el siguiente ejemplo:'?resulta evidente que una persona no podría titular una nueva composición musical con el conocido nombre de la canción 'Caballo viejo', pero no debería existir en cambio inconveniente en que se utilizara esa expresión como denominación comercial de una fábrica de sillas de montar, porque a nadie se le ocurriría pensar que dicha fábrica tenga relación con la obra musical del mismo nombre, o con su autor'

Daniel Contreras Gómez

Abogado consultor

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