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  • Guillermo Cáez Gómez

lunes, 8 de octubre de 2012

Era un momento que esperábamos quienes seguimos este caso no por el morbo que han despertado los medios de comunicación, sino por lo interesante del debate jurídico - probatorio. Pero lo que no se debe dejar pasar por alto son las verdaderas razones por las cuales este funcionario hasta antes de este caso ni siquiera conocido por la opinión pública, pidió su retiro del mismo.

Es públicamente conocido que a finales del mes de mayo, el Fiscal 11 fue retirado abruptamente del proceso que se adelanta en contra de Laura Moreno y Jessy Quintero, primer golpe que se le daba a este funcionario y que era justa consecuencia a sus decisiones, toda vez que sus actuaciones procesales alejadas de una rigurosidad metodológica a la hora de abordar una investigación, su falta de cimientos jurídicos y su ausencia de personalidad para evitar las nocivas influencias en el caso, situaciones que lo llevaron a fracasar;  estas apreciaciones tienen su base no solo en la errónea interpretación de intentar calificar el hecho que las acusadas (Laura Moreno y Jessy Quintero) guardaran silencio haciendo uso de su derecho constitucional a no auto incriminarse, como falso testimonio; sino por la terca insistencia en llegar hasta tutelar la decisión por considerarla una vía de hecho, y hechos que solo de un funcionario que se dejo deslumbrar por la cámaras se pueden esperar, es por ello que con cada una de sus actuaciones e intervenciones abonaba lo que iba a ser su retiro total del caso.

Es evidente que no resistió la presión del debate y no estuvo a la altura de sus contra partes, además permitió que el representante de víctimas le manejara el caso y se olvido de tomar las precauciones procesales para asegurar lo único que debe hacer la Fiscalía, acusar con fundamentos sólidos y probatorios; pero tan claro es que este caso se le volvió un alfombra roja, que de las primeras decisiones que tomó la Dra. Zamora, fue la de darle un viraje y sustento científico a la teórica del caso de la Fiscalía, algo en lo que seguramente ni siquiera se percato el Fiscal González y que trajo como consecuencia el rechazo de dichas evidencias por extemporáneas. Otro de sus grandes pecados fue el abuso total de la prueba testimonial, su testigo estrella del momento, resulto ser un fiasco, un mentiroso, sin siquiera tomar el mínimo de precauciones para corroborar la afirmación y creer ingenuamente que con ello podía salir del estanco en el que estaba, pero este tipo de irresponsabilidad ausente de mala fe a los únicos que de verdad logra perjudicar es a la familia Colmenares, que merece conocer la verdad, sea cual sea.

Este caso, como el caso de Sigifredo López es la muestra que la Fiscalía merece una reestructuración, un barrido de funcionarios mediocres, faltos de criterio, estructuración jurídica y exceso de protagonismo, que buscan en las cámaras de televisión lo que no se han podido ganar en los estrados judiciales; y que lo único que están logrando es que la Fiscalía no tenga un céntimo de credibilidad y sea el payaso de la carpa de la justicia, así que reitero lo dicho en mí columna del martes 28 de agosto: “respetado Dr. Montealegre, lo importante en este momento coyuntural no es destacarse por estremecer al país con decisiones, sino por ser un reformista y no un conformista, permitir que desde Usted, hasta el menor de los cargos en la Entidad NUNCA se despojen de su carácter de juristas al firmar la resolución de nombramiento, de esa manera trataremos de evitar que un sistema hoy disfuncional, colapse, que sigamos y lo incluyo a Usted, pagando vía tributo los errores de los funcionarios, así que solo me resta decir que: confió en Usted para esta labor”.
 

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