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Laura Constanza Rojas viernes, 22 de marzo de 2013

La decisiva y cada vez más profunda apertura de los mercados que acompaña la suscripción de innumerables tratados de libre comercio, obliga al productor interno enfrentarse a nuevos retos y oportunidades que se centran en buscar la forma de dotar sus productos de elementos que le den un valor agregado y que lo diferencien y lo hagan competitivo en los nuevos escenarios de comercio que se presentan por esta coyuntura de globalización. Es una nueva necesidad de reinventarse y de innovar para aprovechar las oportunidades que se están brindando en otros mercados.

 

El reciente anuncio del lanzamiento del sello de certificación de denominación de origen protegida “CO”  para varios productos típicos colombianos (tejidos, artesanías, sombreros, alimentos, cerámica, cestería, flores, etc.), unido a las -de alguna forma recientes- aprobaciones de denominaciones de origen para productos colombianos como: los sombreros de caña flecha de la Tejeduría Zenú, los tejidos de algodón y tejidos para uso textil de la Tejeduría San Jacinto, el Sombrero Aguadeño, la mopa barniz de Pasto, los tejidos de algodón y tejidos para uso textil de la Tejeduría Wayuu, el Sombrero de Sandoná,  la cerámica del Carmen de Viboral, la Cestería en rollo de Guacamayas, la Cerámica artesanal de Ráquira,  el Queso del Caquetá, el Queso Paipa, el Café de Colombia, el Café de Nariño, el Bizcocho de Achira de Huila, la Cholupa de Huila, el Clavel de Colombia, la Rosa de Colombia y los Crisantemos de Colombia, han transmitido y continúan llevando el mensaje  al empresario y artesano colombiano de cercanía y proximidad con este tipo de signos distintivos, que si bien en otras latitudes ha sido de gran desarrollo, en nuestro país no se empleaba masivamente, ni se tenía en cuenta como un posible capitalizador de valor agregado para los productos que lo ostentan y/o logren, ya sea que beneficien a pequeños y/o grandes empresarios, artesanales y/o manufactureros.

Por ello, es de rescatar y valorar el trabajo de la Superintendencia de Industria y Comercio, y muy especialmente el compromiso con que la Delegatura de Propiedad Industrial ha sabido llevar y trasmitir el mensaje a los colombianos, mostrando el lado asequible y dinámico de la Propiedad Industrial, como una herramienta audaz y al alcance de todos en el comercio de productos.    Lo logrado hasta ahora por la Delegatura, revela a los empresarios la viabilidad en la obtención de este tipo de instrumentos, demuestra el valor de esta clase de intangibles en los mercados internacionales y sobre todo, motiva al empresariado a crear y hacer valer esta serie de derechos, que en épocas de cambios y oportunidades pueden ser determinadores en el posicionamiento de un producto a nivel global.    Definitivamente este tipo de apoyo, aumenta las esperanzas y los buenos augurios  en la competencia del mercado internacional.

 

 

 

 

 

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