Juan Pablo Riveros Jueves, 12 de diciembre de 2013

Premonitoria resultó la columna del viernes pasado. Se afirmaba, a propósito de la destitución del Superintendente Financiero, que el Procurador General de la Nación cumple con su deber y a cambio recibe todo tipo de agravios por sus convicciones y forma de actuar, pero en lo jurídico, que es lo que cuenta acá, ninguno de sus críticos ofrece razones de consideración para plantear una controversia de fondo sobre sus actuaciones.

Vino la destitución del alcalde Petro y ante la carencia absoluta de argumentos que contraponer a la fundamentación jurídica de la medida, como es usual, se ha dado en echar mano al ataque personal para descalificar al Procurador y para cuestionar la decisión con la calentura e intolerancia que se comentaba hace ocho días en este mismo espacio.

El Gobierno, a diferencia de la destitución de Hernández, decisión frente a la cual ofreció acatamiento reservándose su inconformidad, arrancó el episodio con pie izquierdo.

Fue muy torpe la reacción del Ministro de Justicia, quien ocupara la dignidad de Procurador General de la Nación (muy discretamente por cierto), además de otros tantos cargos para cuyo ejercicio juró cumplir la Constitución y la ley. En caliente, el ministro Gómez Méndez se dio a la tarea de poner en duda el alcance de la misma Constitución frente a cuyo cumplimiento nunca antes había manifestado reservas. 

Y para adornarse mejor no se le ocurrió otra cosa que ofrecer todo su concurso, entendí que a título personal porque el gobierno no ha dicho ni mu sobre el tema, para reformar la Constitución y cortarle las alas al Procurador. No es seguro que esa sea la forma más adecuada de dar el parte del Gobierno sobre la medida disciplinaria acabada de adoptar y que sugiere, sin más, que al ejecutivo le incomodan los controles establecidos en las normas que está obligado a cumplir y a hacer respetar. 

Con sensatez y precisión, pasando por alto sus personales sentimientos hacia el alcalde Petro, el doctor Fernando Cepeda Ulloa hizo un certero análisis del marco constitucional que determina el ámbito y el alcance de las funciones del Procurador (Diario El Tiempo, diciembre 12 de 2013), adentrándose con certeza en los vericuetos del Código Disciplinario Único y trayendo a cita las sentencias cardinales de la Corte Constitucional sobre el tema.

Para concluir, con impecable estilo y pleno fundamento constitucional y legal, que por complejos que sean los estatutos que rigen la materia, y por complicados que sean de entender para el periodismo judicial que se ha montado en Colombia como sistema de para justicia, agrego yo, los mismos han sido aplicados con apego a la Carta Política y a la ley, resultando inobjetable que no hay desafuero mayor en la adopción de la medida y que desde luego la destitución del alcalde Petro puede ser revisada en las instancias judiciales correspondientes.

Cepeda acusa, dentro de ese análisis, que si Petro hubiere asumido una actitud republicana, con ella daría pleno fundamento a sus encendidos reclamos.

Nada más preciso para describir la maquillada reacción del Alcalde Mayor. Sin embargo los hechos demuestran, como lo señalara Antonio Caballero hace un año largo ya, que sean de derecha o de izquierda, todos los gobernantes que nos tocan en suerte asumen la más genuina pose de dictadores y terminan todos siendo iguales. 

Montado en el frágil balcón del Palacio Liévano y con rictus de mártir, como mártires fueron sus víctimas del Palacio de Justicia, no cabe duda de que Petro había dispuesto de antemano y al mejor estilo chavista: – mándense buses a todos los barrios para colmar la Plaza de Bolívar en punto de las cinco de la tarde!

Y a fe que lo hicieron. Era hilarante ver cómo, con la ilusa pretensión de poner la cuota inicial de otro 9 de abril, los manifestantes llegaron aprendidos de los coros que debían entonar y provistos de las banderas y parapetos que clamaban por la inocencia del alcalde.

Las cámaras impecablemente dispuestas y el sonido puro y fiel, todo por cuenta del Distrito claro está, hicieron que la puesta en escena del Alcalde del Amor fuera maravillosa. 

El discurso era más preparado que la resolución misma de destitución y toda la comedia fue un éxito.

Finalmente Petro dio otro gran salto en su carrera política y por la vía de la destitución le sacará el cuerpo a la revocatoria y recuperará la anhelada condición de perseguido. Esas son sus aguas. 

Bueno para los bogotanos también, que perdemos menos plata pagando las manifestaciones y los desagravios que viendo el despilfarro que se asomaba ya para hacerle la contra a la revocatoria.

Seguiremos a la espera de la primera crítica con fundamento sobre las medidas del Procurador. Y adivino que será una larga espera.