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guillermo cáez gómez lunes, 21 de enero de 2013

Esta semana se conoció la noticia que de forma insólita un juez con función de control de garantías dejo libre a la mujer que rapto un bebe recién nacido en Bogotá, considerando que esta persona no representa un peligro para la sociedad y la víctima.

Muy acertadamente en Twitter alguien decía que como es posible que robar un caldo de gallina sea más gravoso que robar un bebe, y si, esa es nuestra flamante justicia, que juzga por desigual y sin tener en cuenta si quiera sus propios precedentes.
 
¿En qué cabeza cabe que esta persona que rapta un bebe recién nacido, lo esconde de las autoridades no represente un peligro para la sociedad o para las víctimas? ¿Cómo es posible que un juez de la República tenga la osadía de afirmar en una sentencia semejante barbaridad?
 
Pues la respuesta es en la justicia colombiana, una justicia que pide a gritos una reforma y que se da el lujo de parar las actividades solicitando una nivelación salarial; claro justos pagan por pecadores, es cierto no todos los funcionarios son de esas características y hay que reconocerlo.
 
Ahora bien, adicional a lo anterior esta mujer se declaró culpable del delito de secuestro simple y aun así el Juez decidió otorgarle el beneficio de la libertad, que en todos los casos debe ser la regla general, pero que en este, debió ser la excepción fundamentada y no en el hecho de lo que podría ser un trastorno mental, ya que eso lo debe determinar es un perito de medicina legal, no a subjetividad del Juez.
 
El deber ser en este caso y según mi criterio era haber recluido a esta mujer en un establecimiento carcelario o en su defecto si se aceptara la tesis de un padecimiento metal, en un lugar apto para su tratamiento, al fin y al cabo uno de los fines de la pena es el de la reincorporación a la sociedad de aquellos individuos que han cometido faltas que van en contra del orden público y social.
 
Pero no, el H. Juez a su leal saber y entender decidió que podía gozar de plena libertad, razón por la cual debemos entrar a estudiar y analizar si lo que requiere la justicia es una simple, pero necesaria nivelación salarial o si lo que realmente se requiere es un cambio estructural y mental de los funcionarios que administran justicia, para que estos casos sean una noticia aislada y no el pan de cada día.
 
Pero este no es el único caso, hoy vemos como en el caso del joven Colmenares al parecer existió una fábrica de testigos, que buscó a toda costa involucrar a quienes parecían los directos responsables y estamos ante una solicitud de nulidad del proceso que se sigue en contra de Carlos Cárdenas y la captura de los testigos en su momento estrella del fiscal González hoy son señalados de fraude procesal y falso testimonio entre otros; esto debe ser una lección muy fuerte para este funcionario que del anonimato paso al desprestigio, mal paga el diablo a quien bien le sirve dicen por ahí.
 
En el primer caso es un hecho aislado de física negligencia y falta de capacidad jurídica, sumado a muchos otros que a diario se presentan; pero en el caso Colmenares estoy seguro que hasta ahora conocemos la punta del “iceberg”, amanecerá y veremos por qué el show de la justicia en Colombia debe continuar. 
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