Carlos Mantilla McCormick Martes, 18 de diciembre de 2012

Algunas de las características de los Petro – Estados, tal como las definió Daniel Yergin en “The Quest” (The Penguin Press, New York, 2011), se cumplen claramente en Venezuela, cuya comportamiento como país productor de petróleo le sirve de ejemplo a ese autor para identificar la malas prácticas de gobiernos que, aunque de diversas condiciones, sistemas políticos, organizaciones sociales, economía, cultura, religión y población, que producen y exportan hidrocarburos sin obtener beneficios reales y duraderos.

Yergin caracteriza los comportamientos de los Petro – Estados con la historia y la actualidad venezolana, con sus caudillos, golpes militares y la existencia de una riqueza en sus recursos naturales descubierta en 1922 que, desde entonces, ha empobrecido más y más en la medida en que el petróleo fluye de la tierra.

Un Petro – Estado se caracteriza por tener como drama central de la economía de la nación  la competencia por obtener los ingresos del sector industrial y la pelea por su distribución generando un “comportamiento de buscador de renta” que deja atrás el emprendimiento, la innovación, el trabajo productivo y el desarrollo de una competitividad orientada al crecimiento económico. Economía inflexible, con poca capacidad de adaptarse a los cambios, cada vez con mayor control estatal, mayores subsidios, controles, regulaciones, burocracia, micro gerencia y corrupción.
 
Los Petro – Estados padecen la “enfermedad Holandesa”, apreciación de la moneda local y exportaciones más costosas y, por ello, declinantes y falta de competitividad de negocios domésticos, mayores importaciones, inflación y pérdida de puestos de trabajo.  Además se genera el llamado toque de Midas al revés (“the reversed Midas Touch”) causado por la rigidez fiscal que ocasiona el gasto incremental del gobierno.  La volatilidad de los precios ocasiona que en períodos de precios altos, los gobiernos otorguen subsidios, programas y grandes proyectos, con poca creación de empleo, salarios altos y muchas concesiones. Y en períodos de precios bajos los gobiernos no pueden reaccionar cortando el alto gasto. Los presupuestos altos y compromisos en proyectos, contratos, y trabajadores terminan generando una fuerte reacción política y una explosión social.
 
Entre nosotros no se dan, ni la riqueza del recurso natural ni esas enfermedades. No obstante, ciertas conductas preocupan que hagan carrera hacia ellas.
 
Cuando en la década de los 80 se volvió a exportar petróleo gracias al descubrimiento de un importante yacimiento, el ánimo del gobierno de perseguir esa renta petrolera fue evidente en materia de mayor control de las operaciones, participación estatal en la producción e impuestos por barril producido. El actual proyecto de reforma tributaria trae la imposición de nuevos gravámenes para los industriales por vía del impuesto a las utilidades y por la eliminación del descuento de lo pagado por regalías. El efecto de esta eliminación, no es ni más ni menos que un incremento en el impuesto que deben pagar tales industriales al tener la base de renta como si la producción para el pago de la regalía al Estado hubiera sido suya y no un costo como realmente lo es. También el proyecto de incrementar las regalías pretende imponer más gravamen para los productores.
 
Perseguir la renta petrolera nos quita competitividad para atraer inversión extranjera, nos vuelve un país inseguro por el cambio de reglas de juego, nos expone a escaladas de diversos sectores en la búsqueda de mayor participación, incrementa la dependencia de esa renta para la economía nacional y demerita las bondades del negocio conjunto para el Estado y para los particulares.  Y nos hace parecidos a los Petro – Estados.