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Ricardo Fandiño jueves, 27 de junio de 2013

Con el crecimiento sostenido de la economía colombiana en los últimos 10 años y la mejora sustancial en las condiciones de orden público, nuestro país ha visto la llegada de inversión extranjera en grandes volúmenes en la mayoría de sectores e industrias.

Es así como hemos visto y dado la bienvenida a las inversiones de otros países, las cuales han sido, entre otras, en las industrias de hidrocarburos, minería, bebidas, sector financiero y en la industria de servicios en general.

De la misma forma pero en menor escala, en los últimos meses hemos sido testigos del interés que se ha despertado entre ciertas empresas del exterior en otro tipo de industria nacional, como lo es la industria de los servicios legales. En los últimos dos años han iniciado operaciones en Colombia, cuatro firmas de abogados del exterior con diversos orígenes (Canadá, EE.UU.y España) y se especula que igualmente abrirán sus oficinas en Colombia, otras tres firmas de abogados extranjeras en los próximos meses.

Cuando decimos que son empresas del exterior, es porque eso es lo que son; al igual que varias firmas de abogados colombianas, se organizan, se comportan y administran como cualquier otra sociedad comercial. Tienen en común con algunas de las firmas colombianas, en que cuentan con asambleas de accionistas, preparan y mantienen estados financieros, tienen departamentos de gestión humana, de sistemas y equipos de mercadeo, así como tienen un gran número de asesores externos en distintos temas de estrategia, talento humano, sistemas de medición y administración del conocimiento y hasta manejo de marca.

Pero además de estos rasgos comunes con ciertas firmas colombianas, se diferencian entre otros factores, porque cuentan con ejércitos de paralegales que adelantan labores de soporte al ejercicio legal como por ejemplo cientos de mecanógrafos o correctores de estilo y expertos en presentaciones y documentos que estando situados geográficamente en países como India, producen en cuestión de horas, mientras en este hemisferio se duerme, nuevas versiones de contratos que se han negociado durante todo un día en extensas discusiones jurídicas y de negocios. Igualmente cuentan además, dentro de su staff con personal profesional, soporte ente otros, ingenieros químicos, contadores, y financieros que soportan el servicio que prestan a los clientes.

Esa organización de profesionales de la abogacía como verdaderas empresas comerciales ha sido y es en consecuencia, entre otros factores, del crecimiento - tanto económico del respectivo país como el de las firmas-, como de la masa crítica en términos humanos.

En Colombia, sin que sea la excepción sino más bien la regla, este crecimiento es por supuesto originado en las necesidades de los clientes que cada vez son más diversas y que para las grandes inversiones requieren esa masa crítica que pueden ofrecer las firmas de abogados. Pero a diferencia de las inversiones de empresas extranjeras en empresas colombianas, que usualmente se traduce en la compra de la propiedad accionaria en la sociedad, en los recientes aterrizajes de firmas de abogados extranjeras en Colombia este no ha sido el caso, ni es usual que lo sea.

La llegada de firmas de abogados extranjeras en Colombia, al igual que en la mayoría de casos en otros países, se ha materializado principalmente mediante la contratación de abogados/socios titulados localmente, por parte de entidades controladas por las firmas extranjeras y en las cuales dentro de la usual jerarquía piramidal de los bufetes de abogados, del total de socios de la firma local, solo algunos son “socios internacionales” mientras la mayoría son “socios locales”. En otras palabras, los socios internacionales participan de las utilidades de la firma a nivel global, mientras los socios locales tienen derecho a una remuneración basada en los resultados de la firma solamente en Colombia.

Ahora bien, existen otras formas para que las firmas extranjeras se establezcan en otro país distinto al de origen. Recientemente vimos como en Perú, el Estudio Echecopar, una de las firmas más importantes y con más de 100 abogados fue adquirida por una firma internacional con 4000 abogados y presencia en 42 países.

Es sabido que el principal incentivo para que una oficina de abogados abra operaciones en otro país, es para servir a los clientes del país de origen en sus inversiones en el exterior. Dicho de otra forma, si varias empresas colombianas establecieran operaciones por ejemplo en Costa Rica, podría tener sentido que firmas de abogados colombianas establecieran operaciones en Costa Rica para atender los servicios legales de esas compañías colombianas en dicha jurisdicción. En todo caso y necesariamente con abogados titulados en Costa Rica.

A largo plazo se imagina uno que la apuesta es no solamente servir a las empresas de su país de origen, sino también competir por el trabajo netamente local.

Pero entonces, ¿Cómo se debe enfrentar esta nueva competencia en la industria de servicios legales colombianos? ¿Están preparadas las firmas de abogados locales, que son las que más en teoría se verían afectadas por esta llegada de firmas extranjeras?

En Colombia no existen restricciones para el establecimiento de operaciones por parte de firmas de abogados extranjeras, como si las hay en otros países como Brasil y China. Por ejemplo, cuando un abogado titulado en China entra a trabajar en una firma extranjera, se le suspende automáticamente su tarjeta profesional de abogado, por lo que la firma extranjera termina prestando únicamente servicios legales sobre ley extranjera para las operaciones internacionales ligadas a las empresas domiciliadas en ese país.

En consecuencia, las preguntas son, ¿Cómo afectará la llegada de estas firmas el mercado legal en Colombia?¿Cómo pueden las firmas locales enfrentar dicha competencia?

La historia parece mostrar un camino claro. Las firmas deben hacer lo que han venido haciendo muy bien. Venimos de una época hace décadas, en que las firmas locales han evolucionado de unos grupos de amigos que simplemente compartían costos y gastos mientras cada “socio” era dueño de lo que producía y de sus clientes, a unas verdaderas sociedades comerciales con claros propósitos, unidad de caja y las características propias de cualquier empresa productiva. Se requiere entonces el continuo fortalecimiento de esas características empresariales, la profundización y actualización en materia de políticas de gestión humana, la fidelización de los clientes y la compenetración con sus necesidades legales, el uso de nuevas tecnologías para la administración del conocimiento y la prestación del servicio, con un propósito claro que es el prestar el servicio legal de la más alta calidad y beneficio para el cliente.

Bienvenida la competencia, sin duda será un aliciente adicional para que la industria de los servicios legales siga desarrollándose y creciendo como hasta ahora lo ha hecho en los últimos 20 años.

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