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Luis Fernando Rincón viernes, 8 de marzo de 2013

En temas de Gobierno Corporativo es común mencionar que los directivos administradores se creen los dueños de las empresas en desmedro de estos últimos, los verdaderos, quienes muchas veces ni siquiera llegan a enterarse de las sumas que pagaban a sus empleados.

Así, los accionistas de Novartis en Suiza, no se habían enterado de la considerable suma que se le iba  apagar a su presidente saliente, Daniel Vasella, quien tuvo que renunciar a 58 millones de euros, luego del escandalo que desató, ya que se le iba a pagar derivado del acuerdo entre el ejecutivo y el laboratorio, como indemnización por su salida y como acuerdo por el que se le impedía trabajar con laboratorios farmacéuticos competidores por un periodo de seis años.
 
Comúnmente conocido como paracaídas dorado, este tipo de “beneficios” para los ejecutivos apareció en la década de los ochentas para premiar a los directivos que salvaran o mejoraran la situación de las empresas. Algo cuestionado, pues muchas veces se llegaba a buen puerto, basado en hechos de despidos colectivos o de recortes innecesarios para las compañías. Esto se convirtió en una costumbre mundial, y en determinados momentos los ejecutivos gozaban de mayores privilegios que los titulares de la acción, verdaderos propietarios de las empresas.
 
Dos semanas después de este escandalo, el pasado tres de marzo, Suiza celebró un referéndum, por el cual una mayoría de casi el 68 por ciento decidió limitar los salarios excesivos de los ejecutivos de las grandes compañías.  Bajo las consideraciones de protección de la economía, de la propiedad privada y de los accionistas, se determinó que se obliga a las sociedades anónimas suizas que cotizan en bolsa en Suiza o en el extranjero a respetar ciertos principios: i) La asamblea general votará cada año la suma global de remuneración (dinero y valores en especie) de todos los principales directivos. ii) Las personas designadas, no recibirán ninguna indemnización por salida, ni remuneración anticipada, ni prima por la compra o venta de las empresas, ni estarán ligadas a la empresa por contrato de consultoría o de trabajo a una sociedad del grupo. iii)Los estatutos regularan todos los beneficios económicos (rentas, créditos, prestamos) que se otorguen a los directivos, así como la duración de su contrato de trabajo. Y iv) estableciendo una dura sanción por la violación de estas prohibiciones que van  desde una multa equivalente a seis años de ingresos hasta tres años de prisión.
 
En este momento se esta discutiendo en la Unión Europea una norma para impedir que los directivos de los bancos puedan obtener bonos superiores al doble de su salario base. Temas respecto del cual los británicos para proteger su “City” y al igual que los gremios patronales suizos para la reforma mencionada, afirman que  restará competitividad a la economía europea, contribuyendo a la partida de las empresas al extranjero y a la pérdida de cientos de empleos, lo que no creo viable. Con esto se pone verdaderamente en boga el principio del “say on pay, el cual comenzó a usarse hace casi cinco años, y que se refiere a las normas legales o estatutarias, que permiten a los accionista opinar sobre las remuneraciones otorgadas a los ejecutivos, bien sea definiendo montos o determinando los parámetros para hacerlo. El inconveniente puede radicar en la manera y el tiempo para poner de acuerdo a los miembros de una Asamblea para determinar las remuneraciones o los parámetros, y al mismo tiempo evitar que la entidad quede sin dirección.Es difícil poder determinar el salario que debe tener un ejecutivo para recompensarlo por su buena labor, pero quien mejor lo puede hacer son los propietarios de la empresa,  el titular de la acción, quien ha puesto su dinero para crear riqueza, y quien verdaderamente sabe lo que le conviene, y no por miembros del consejo de dirección que son pares del ejecutivo y que no miden en muchos casos las limitaciones de la compañía. Es cierto que con estas medidas se afecta el interés y el bolsillo de los directivos o aspirantes a ello, pero no quiere decir que se les cierran las puertas para una vida tranquila y cómoda. Es claro que el éxito del un negocio depende en parte de su director, pero en gran parte del personal que lo acompaña, y en especial, de quien aporto el dinero para que ello ocurriera.
 
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