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Esteban Cortés - estebancortes@cavelier.com martes, 1 de noviembre de 2016

¿Se puede autorizar o prohibir el uso de la propia imagen?

En el extenso desarrollo jurisprudencial que este derecho ha recibido, se ha aceptado que, dentro de las muchas prerrogativas que se derivan de aquel, se encuentran aquellas referentes al derecho que le asiste a una persona a manejar su imagen como a bien tenga y a consentir o prohibir el uso que cualquier tercera persona haga de la misma. Ahora, si bien el desarrollo legal que el derecho a la propia imagen ha tenido es prácticamente nulo, se debe destacar que en la Ley 23 de 1982 -ley de derecho de autor- se estableció que, salvo contadas excepciones consagradas por la ley, a toda persona le asiste el derecho a prohibir que su imagen sea exhibida en el comercio, enfatizando así, que la facultad primordial derivada de este derecho es precisamente la capacidad que tiene la persona para consentir o prohibir el uso de aquella.

Así, no obstante el desarrollo que la Corte Constitucional ha dado a las connotaciones jurídicas de este derecho desde la óptica de su carácter fundamental, en Colombia no ha existido una preocupación por parte del legislador para tratar a fondo las implicaciones que se pueden desprender del derecho a la propia imagen,  existiendo un gran vacío jurídico en lo que atiende a la perspectiva económica del mismo.

La ausencia de una regulación puntual que trate los diferentes aspectos que se pueden derivar del derecho a la propia imagen se hace evidente cuando se empiezan a analizar los diferentes negocios y aspectos económicos que se pueden realizar con la propia imagen o, incluso, cuando en presencia de un uso no autorizado, se presenta una controversia.  

¿Es viable explotar económicamente la imagen?

En la sociedad contemporánea en la que vivimos, en la cual las redes sociales y los diferentes medios de comunicación se han convertido los instrumentos ideales para extender la publicidad de un producto o un servicio a un amplio grupo de personas, los empresarios han encontrado que al valerse del apadrinamiento de sus productos o servicios por la imagen de una persona afamada, se logra llegar de una manera más eficaz a su público objetivo. 

En efecto, el uso de la imagen de una persona como un mecanismo generador de ingresos trasciende tanto en el mercado actual que, en las denominadas industrias del entretenimiento, los negocios y contratos que se celebran alrededor de la imagen de una persona son parte del día a día. 

Aun cuando en la práctica los contratos que se celebran respecto de este tipo de derecho han sido desarrollados por la costumbre, la ausencia de una regulación puntual respecto de estos temas no ha sido echada de menos. 

Considerando la importancia creciente que este particular derecho ha adquirido como una fuente generadora de ingresos para una persona, queda expuesta una latente inquietud respecto a la necesidad de una normativa que regule, íntegramente, los distintos aspectos que se pueden derivar del uso de la imagen de una persona.

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