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Ripe Lunes, 16 de diciembre de 2013

El exmandatario sudafricano registró por primera vez en 2003 su marca personal en Europa para garantizar que sus herederos pudieran conservarla más allá de los 80 años, como fija la ley en países como España.

Las hijas de Nelson Mandela iniciaron en abril de este año una batalla legal contra el abogado y amigo de su padre, George Bizos, para anular el poder que éste había recibido para administrar dos vehículos de inversión del expresidente sudafricano. El problema de fondo no eran los activos mobiliarios o la fortuna de Mandela, sino quién ostentaba el control de la verdadera fuente de esa riqueza: sus derechos de imagen.

En el caso de personajes famosos, cuya marca personal es capaz de generar ingresos millonarios, gestionar correctamente este intangible es clave para que sus herederos puedan seguir disfrutando de sus rentas generación tras generación e incluso defenderse legalmente ante terceros que hagan un mal uso del nombre. Pero si no se articula adecuadamente, la protección sobre los derechos de imagen caducan al cabo de un tiempo. En el caso de España, 80 años después del fallecimiento.

Luis Beneyto, socio y responsable del área de deportes y entretenimiento de Elzaburu, explica que en nuestro país pueden ejercer los derechos de imagen de una persona fallecida los herederos legales que estuvieran vivos antes de que se produjera el óbito, según estipula la ley orgánica 1/1982 sobre derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. La herencia sólo estará vigente durante 80 años. A partir de ese plazo, es el Ministerio Fiscal el que se hace cargo de los derechos de imagen del fallecido.

Sin embargo, Beneyto explica que la fórmula para sortear esta limitación y permitir que las generaciones venideras puedan heredar estos derechos es registrar la marca. Esto lo puede hacer la persona afectada en vida, o bien sus legatarios durante el plazo de 80 años.

Es lo que hizo Nelson Mandela, que no sólo registró su nombre, sino también otras denominaciones relacionadas con su imagen, incluido el número 46664, cifra que lo identificó durante los más de 27 años que estuvo en prisión.

Protección
En Europa, el primer registro comunitario de una de sus marcas se hizo en 2003, a nombre de dos fundaciones creadas por el propio exdirigente sudafricano. En los años siguientes protegió varias denominaciones más, como Nelson Mandela Day, que incluye su imagen levantando el puño triunfal, símbolo de paz y libertad que se ha utilizado en multitud de material promocional, como camisetas o material publicitario.

“Nelson Mandela se preocupó de que las fundaciones tuvieran el control de sus marcas, asegurándose la perpetuación de su imagen a favor de sus herederos”, apunta el socio de Elzaburu.

Un testamento con intangibles
– En España, los derechos de imagen pueden heredarse durante un periodo máximo de 80 años.
– En ese plazo, hay que registrar el nombre como una marca para poder explotarla después de ese periodo. Esto exige que se renueve cada diez años.
– Albert Einstein estipuló en su testamento que la Universidad de Jerusalén pudiera ejercer sus derechos de imagen y ésta registró el nombre como marca.

La Sagrada Familia y Gaudi
El arquitecto Antoni Gaudí no tenía herederos, pero antes de su muerte legó sus bienes a la Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Familia, a la cual le correspondería el derecho de registrar la marca. Sin embargo, ellos no lo hicieron y tampoco se opusieron a que la empresa catalana Gaudi Barcelona registrara varias marcas con el apellido del arquitecto. Cuando lo hizo, estaba en vigor una norma de 1929 que, a diferencia de la ley actual, no prohibía el registro de nombres propios aunque el solicitante no se llamara así, según explica Gergana Dimitrova, abogada de Elzaburu.

En 2006, la Sagrada Familia intentó proteger varias marcas, pero al haber transcurrido más de 80 años desde la muerte del arquitecto, sólo pudo registrar el nombre Antonio Gaudí y unas imágenes del templo, gracias a que los derechos de autor de la Sagrada Familia siguen vigentes tras un fallo de la Audiencia de Barcelona.

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