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Lilian Mariño Espinosa - lmarino@larepublica.com.co lunes, 31 de octubre de 2016

De todos los retos que afrontará Fernando Carrillo hay dos que tal vez resumen de la mejor forma el porvenir de la institución: uno, los jurídicos y dos, los organizacionales. 

El primero es tal vez más obvio: Carrillo se ve obligado a encarar los retos jurídicos en los que, por mandato constitucional, la Procuraduría General de la Nación debe intervenir. En el cumplimiento del mandato, por demás, estará desempeñar las labores de control proactivo y preventivo al que se hiciera referencia en una columna anterior.  

El segundo reto, que aparece en el papel como un tema menor, pero que en la práctica resulta de difícil control, tiene que ver con la fidelidad de los funcionarios públicos, y no hablo de los removibles sino de los de carrera, los que poco rotan con el cambio de mando. Bajo la dirección de la saliente jefatura, la Entidad estuvo siendo gerenciada hacia una forma inquisitiva de hacer un control de lo público, tiempo en el cual acuñó una filosofía y una forma de entender la función de la Institución. 

En Carrillo estará convencer con su discurso, no solo a los colombianos, sino a sus propios funcionarios, a fin de garantizar el éxito del que es tal vez el más importante ente de control del país de cara a la inminente firma de los acuerdos de paz. 

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