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Ruth Marina Díaz sábado, 9 de febrero de 2013

El antecedente histórico para determinar la celebración del “Día del Periodista”, de por sí enorgullece el sentimiento nacional, toda vez que el 9 de febrero de 1791 comenzó a circular el semanario “Papel Periódico de Santafé de Bogotá”, escrito por don Manuel del Socorro Rodríguez, conocido como el “Precursor del Periodismo en Colombia”.

No obstante en aras de la precisión que reclama la memoria histórica, ha de reseñarse que en 1785 se dio la publicación del periódico “Gaceta de Santafé”, aunque debido a su corta existencia, no tiene tanta trascendencia en los hitos de recordación para el periodismo. 
 
En virtud de haberse consagrado otras fechas para esta importante conmemoración, como es el 4 de agosto previsto por la Ley 918 de 2004, en la que se reseña a título de antecedente la primera publicación en castellano de la “Declaración de los Derechos del Hombre (…) por Antonio Nariño, precursor de la independencia” y de otro lado, el 8 de septiembre, para la celebración a nivel internacional, en homenaje al profesional de esa disciplina, de nacionalidad checoslovaca, Julius Fucik, asesinado por el régimen Nazi, recordado por su obras “En la tierra donde el mañana ya es ayer” y “Reportaje al pie de la horca”, escrito desde prisión y publicado en 1945, consideramos que esa circunstancia ante todo revela la conciencia que existe de dedicar al menos un día del año, a festejar y reflexionar acerca de una actividad que constituye sustento esencial para la vigencia de un Estado Social y Democrático, por lo que algunos, lo exaltan denominándolo el “Cuarto Poder Público”. 
 
Pero independientemente de esa posibilidad de doble recordación, destaco de tan importante profesión, que su legitimación social está unida al compromiso de todos aquellos que ejercen ese oficio observando como regla ética la trasmisión de los hechos sin contaminarlos, con respeto inquebrantable por la verdad y asegurándose de difundir con compromiso, una información veraz, imparcial y garantista de los derechos fundamentales de todas las personas sin discriminación alguna. 
 
Desde entonces, los periodistas, no solo son responsables ante la historia sino, además y sobre todo, responsables de la historia. En cada uno y cada una de ustedes hay un historiador en potencia. De sus investigaciones, descripciones y noticias en desarrollo depende la información que recibe la población y de la que se deriva en gran medida la toma de decisiones y el curso de los acontecimientos. 
 
Se trata, sin duda, de una misión tan delicada como la que cumplen los poderes públicos. Mientras el Estado legisla, juzga y ejecuta, el periodista explora, analiza, interpreta y transmite lo que ocurre en el ejercicio de estas facultades públicas. Si bien no es un poder en sentido estricto, sí es un contrapoder que fiscaliza y sirve de mediador con los ciudadanos. Sin embargo, poderes y contrapoder confluyen en que sirven a la sociedad desde posiciones y visiones particulares. 
 
La verdad, la independencia, la justicia, son valores y principios que les son comunes a todas las instituciones, ya sean oficiales o privadas. La autonomía de los poderes es regulada, la libertad de los medios de comunicación también, pero depende en alto grado de consideraciones éticas. 
 
Se remarca que la importancia y trascendencia social de la labor periodística radica en que está íntimamente ligada a la “libertad de expresión”, pues de esta depende su verdadera existencia, al igual que la calidad de la misma, y como lo decía Albert Camus: “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. 
 
En el ámbito de la comunidad internacional existe consenso acerca del reconocimiento y protección del mencionado derecho, de ahí que se haya elevado al estatus de fundamental, instituyéndolo en varios instrumentos internacionales. 
 
En el contorno interno el precepto 20 de la Constitución Política, prevé que “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. - Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá censura”. 
 
La Corte Suprema de Justicia es consciente de su importancia para el control y fortalecimiento institucional, y sea esta la oportunidad para agradecerles su lealtad y compromiso con la verdad sobre lo que ocurre en esta Corporación, ya que Ustedes quienes amanecen y anochecen en este Palacio de Justicia, son testigos de excepción sobre la entrega y el profesionalismo de sus magistrados; y por eso queremos tributarles este sencillo homenaje. 
 
Y como dijo nuestro escrito premio Nobel e igualmente periodista, Gabriel García Márquez “la ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al Moscardón”. 
 
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