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Gustavo Gómez Córdoba domingo, 21 de octubre de 2012

Juan Lozano no camina. Flota. Parece haberse quitado un piano de encima cuando dejó la presidencia del Partido de la U y marcó distancia con el ritmo de “Songo le dio a Borondongo y Borondongo le dio a Bernabé”, que tan frenéticamente entonan los seguidores de Uribe y Santos.

La admiración y el respeto por ambos los mantiene a punto, pero sacó su moto del ‘globo de la muerte’ y ahora ve el ‘circo criollo de los Hermanos Gasca’ desde la silletería.

El padre de la Ley María, y de María -que tiene once años, ojos azules y ganas de ser cantante-, tiene el alma comprometida con el medio ambiente y con el ambiente que debe propiciarse para que fluyan los acercamientos con las Farc. Por eso acaba de estrenar Ojalá (www.ojala.com.co), un portal de acompañamiento a la búsqueda de la paz, que alimenta todos los días con datos, noticias, canciones, documentos y su propia pluma: ha vuelto a empuñarla, con aroma de periodista y opinador, para no quedarse al margen del proceso.

Siendo ministro conoció Climate Reality, un proyecto del exvicepresidente norteamericano Al Gore que pretende crear conciencia y activismo ambiental y ha venido impulsando el nacimiento del capítulo Colombia. Eso lo entusiasma más que un Lego de Star Wars a un niño de siete años. Como dicen las señoras: le brillan los ojitos. Lo que no le pasa cuando piensa en el Senado.

Termina este período y se retira del Congreso. Tiene un catálogo de explicaciones dignas de un caballero como él: que siente que puede aportar más a la sociedad en otros escenarios, que lo reclaman la academia y el activismo medioambiental… Los que lo conocen saben que, además, pesa la desazón que le produce la manera en que se manejan las cosas en el denso ambiente legislativo.

Está orgulloso de haber sacado adelante leyes como la que amplió la licencia de maternidad, la de suelo (“que provee las tierras para que Vargas Lleras pueda construir sus casas”), el paquete de iniciativas para socorrer ágilmente a la gente en emergencias naturales y catástrofes y la que regula Familias en Acción. Sigue animando proyectos, como uno que dotará a la Fuerza Pública de herramientas para combatir a las bacrim (es defensor de los derechos salariales de soldados y policías) y otros de seguridad alimentaria y lucha contra la compra exagerada de tierras por parte de extranjeros, que inspira esta entrevista y que defiende en once respuestas, una por cada año de la lozana María.

Presupone usted que la inversión extranjera en tierras colombianas va a generar escasez alimentaria…

Ese no es el supuesto fundamental, ni se trata aquí de perseguir a la inversión foránea. Se busca evitar, eso sí, la concentración excesiva de tierras en manos de extranjeros, porque esas compras en el futuro pueden obedecer a intereses distintos al bienestar de los colombianos.

¿Qué extranjeros están comprando tierras aquí como para que haya tanta preocupación en el Congreso?

Oxfam, una muy importante confederación de 17 organizaciones que trabaja en 92 países, advierte en su informe “Tierra y poder” los riesgos que corre Colombia. En el Congreso de la República se han expresado preocupaciones en el sentido de que importantes extensiones están quedando en manos de extranjeros enPutumayo, Huila, Cauca, Caquetá, Nariño, el piedemonte oriental y la Orinoquia.

¿Quiénes son esos extranjeros?

El representante Wilson Arias ha denunciado, por ejemplo, compras de empresas como la brasileña Mónica Semillas o Poligrow Colombia, representada por italianos.

¿Es cierto que los chinos también están comprando?

Hay  informaciones acerca de ese interés concreto  y no solo en Colombia. Los anima una razón poderosa: tienen muchas más bocas para alimentar que tierra donde producir alimentos.El país asiático es determinante en una cifra muy delicada y preocupante: se prevé que la población mundial pase de 7 mil millones de personas, que teníamos en el año 2011, a 9 mil millones en el 2050.

¿Los chinos ya han sembrado en Colombia?

Esta es una iniciativa que busca anticiparnos a riesgos evidentes por el deterioro climático, por la escasez de tierras, por el aumento de la población; estamos tratando de adelantarnos a los chinos y a quien quiera convertir nuestra tierra en cultivos para bocas ajenas.

¿Es un riesgo latente, además de los cultivos, que esos terrenos se dediquen a la producción de agrocombustibles?

Eso nos preocupa, y mucho. Tenemos que aprender las lecciones de otros países, que se desbordaron en la siembra de palma y en la utilización del maíz para producir agrocombustibles. Lo relevante es que se definan unos criterios para que los dueños extranjeros de tierras contribuyan eficazmente con el desarrollo del país.

Estamos hablando de cuestiones que comprometen la soberanía nacional.

¿Será que además de la seguridad alimentaria preocupa la seguridad nacional, quizás con compras de tierra por parte de personas cercanas a Chávez y su chequera, PDVSA?

Hay dos iniciativas haciendo curso: la mía, inspirada en la protección ambiental y alimentaria, y la del senador Hernán Andrade, que sí contempla restricciones en zonas de frontera. La mía apunta a que por ningún motivo más del quince por ciento de los terrenos rurales de un municipio puedan estar en manos de ciudadanos no colombianos.

¿Por qué la suya será una ley mientras que la idea de Andrade es propiciar una reforma constitucional?

Tengo la convicción, con fundamento en la propia Constitución, de que no se necesita reforma a la carta para desarrollar esta protección a la seguridad alimentaria. Andrade cree que es más conveniente dejarlo explícito en el texto constitucional. Estamos en distintos ‘terrenos’…

Siendo usted de la línea ambiental, ¿qué dice su proyecto sobre las mineras que, con capital extranjero, desarrollan su actividad aquí?

Soy de la tesis de que hay que garantizar que en el futuro nunca más vuelvan a venderse tierras a extranjeros que con su actividad afecten ecosistemas estratégicos o áreas protegidas. El proyecto lo contempla, por ejemplo, cuando aborda tópicos como el de la soberanía del agua. Imagínese lo que viviríamos hoy en Bogotá si el Parque de Chingaza estuviera en manos de extranjeros.

¿Están los congresistas sintiendo que el Gobierno se dejó coger ventaja en este asunto de las tierras?

Se lo voy a decir muy claramente: por falta de una oportuna presentación al Congreso de la ley de desarrollo rural, el asunto vital de las tierras se va a discutir primero con las Farc que con la sociedad colombiana que no ha participado en la violencia. Llevamos más de dos años esperando a que radiquen la ley para concertar con campesinos, industriales, gremios y  ciudadanía, así que el diálogo agropecuario arrancará primero con la guerrilla que en su escenario natural, el Congreso.

¿Será porque el gobierno es consciente, aunque no lo acepte, del dominio que ejercen las Farc en la Colombia rural?

Históricamente las luchas de las Farc han estado asociadas con la tierra. Soy optimista con los diálogos pero ojalá los negociadores del gobierno, que no parecen ser muy expertos en lo agrario, mantengan lazos de comunicación e información adecuada para no cometer una equivocación con quienes han llenado de sangre los campos colombianos.
 

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