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Ripe Miércoles, 23 de octubre de 2013

Menú del día: de primero las gambas que tanto emocionaban a Forrest Gump (como decía el personaje, pueden tomarse a la brasa, cocidas, al horno, al vapor, rebozadas…); de bebida, la cerveza favorita de Homero Simpson; y de postre, una tableta del chocolate que Willy Wonka producía en su mítica fábrica.

Parecen los platos de un menú de ficción, pero quién lo desee puede hincarles el diente en la vida real.

Y es que traspasar la pantalla del cine o la televisión ha sido el objetivo de los empresarios que vieron el tirón de comercializar marcas nacidas en el sector del entretenimiento. Por ejemplo, el grupo Nestlé compró la marca de dulces Wonka, que comparte nombre con el apellido del protagonista de Charlie y la fábrica de Chocolate, un libro que se ha adaptado al cine en dos ocasiones.

“La gran ventaja de las marcas de ficción es que ya disponen de unos niveles de notoriedad muy altos antes de su lanzamiento al mundo real”, dice Oriol Iglesias, director académico de Esade Brand Institute. Por su parte, Ana Rumschisky, profesora de márketing de IE Business School, considera que tener ganado este reconocimiento es un ahorro en los costes que supone posicionar un producto. Además, señala que “una baza importante del éxito es tener expertos detrás que saben actuar en el mundo real y que ya tienen prestigio, como es el caso de Nestlé y Wonka”.

 

¿Quién no ha visto alguna vez a Homero Simpson con su inseparable cerveza Duff? Pues un empresario mexicano también lo vio y compró la patente: “en estos casos hay que tener cuidado. Los Simpson hacen sátira y burla, y la imagen de tu producto debe transmitir una serie de valores. Eso sí, siempre respetando la esencia que el consumidor ha percibido a través de la pantalla para no decepcionarles”, sentencia Rumschisky. Oriol Iglesias también insiste en esta idea: “la ficción debe asociarse a ciertos valores que sean relevantes para el cliente y que generen un deseo de consumirlo”.

¿Los ingredientes para que el éxito no sea perecedero?
Para el experto de Esade, requiere de una inversión continuada y para Rumschisky, de un componente aspiracional: “No se puede cometer el riesgo de comercializar un producto de una serie de moda cuya notoriedad será pasajera. El producto ha tenido éxito cuando el consumidor acaba fundiendo la realidad con la ficción y no sabe qué fue primero”.

La cerveza de Homero Simpson
Hablar de ‘Los Simpson’ es hacerlo de una de las series con más espectadores del mundo que se emite desde el año 1990. Los productos que se consumen en la ficción creada por Matt Groening se han hecho casi tan famosos como sus protagonistas. ¿Quién no ha visto alguna vez a Homero Simpson tomando una de sus inseparables cervezas Duff? Tras varios intentos fallidos (la productora de la serie demandó en los años 90 a un australiano por un uso indebido de la marca), en el 2006 un empresario mexicano compró la patente de la cerveza Duff. La que se comercializa actualmente en Europa es una lager pilsen alemana que conserva el icónico ‘packaging’.

Charlie y la fábrica de chocolates
En el año 1964 se publicó el libro ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ del escritor británico Roald Dahl. El protagonista es Charlie, un niño que gana en un sorteo una visita a la espectacular fábrica de chocolate de Willy Wonka. La historia se convirtió en película en el año 1971 bajo el título Un mundo de fantasía y la marca de chocolates Wonka dio el salto a la realidad con ese nombre en el año 1983. Desde finales de los años 80 pertenece al grupo Nestlé (sólo se comercializa en Estados Unidos). La web del grupo asegura que los productos Wonka están inspirados en el libro y la película en “apariencia, sabor y en el packaging”. Una marca que alcanzó su máximo de notoriedad con la adaptación al cine que Tim Burton hizo de ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ en el año 2005.

Los restaurantes de ‘Forrest Gump’
La cadena de marisquerías Bubba Gump Shrimp Company existe y está inspirada en la película ‘Forrest Gump’, protagonizada por Tom Hanks. El éxito fue tal que el grupo ya tiene más de 30 restaurantes por todo el mundo (la mayoría en Estados Unidos). No es el único caso en el que cine es el motor de un nuevo negocio. ¿Recuerdan el cabaré de la película Casablanca? La infructuosa búsqueda del Rick’s Café por la ciudad marroquí dejaba a los turistas decepcionados, así que finalmente se construyó un bar-piano con ese nombre.

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