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lunes, 18 de marzo de 2013

Que las Farc no son una organización narcotraficante es como decir que en Colombia no hay conflicto; esa es la última de las afirmaciones de quienes se han auto denominado ejército del pueblo y que en su búsqueda “implacable” por la paz han recurrido a estas cosas.

Como colombiano anhelo que podamos tener una sociedad libre del conflicto y ese cáncer llamado Farc, el mismo que no ha hecho otra cosa que salir a mentirle a un país que está cansado de su retórica, estamos agotados de oírlos negar cada hecho evidente, primero que no son victimarios, sino víctimas y ahora esto, ¿hasta cuándo van a seguir insultando nuestra inteligencia?, la respuesta es sencilla, hasta que lo sigamos permitiendo.

Este proceso de paz a mi modo de ver nació muerto, no solo por la farsa que significa sentarse hablar con personas que viven en una realidad paralela y son mitómanos compulsivos, sino porque quienes representan en la mesa a las Farc no tienen el control de esa estructura criminal, por lo que como dice el dicho es tirar pólvora en gallinazo; pero se debe abonar la voluntad y la valentía de este gobierno en creer que puede haber una salida negociada a este conflicto.

Ahora, no se debe desconocer que estamos en deuda con el pueblo que dice defender las Farc atacando la infraestructura, cultivando coca, traficando droga y haciendo alianzas con carteles de México, etc; me considero parte del pueblo y desde este espacio les digo que por lo menos a mí no me representan ni para un Bingo. La deuda de presencia del Estado es gigante, el abandono es una de las causas para que esta “guerrilla” siga haciendo de las suyas, y la solución no es solo con enviar a la fuerza pública, esto es solo un 1% de las medidas que se deben implementar, la salida es generando verdaderas oportunidades para nuestros compatriotas, educación, un política clara del agro no fundamentada en la industria sino en los campesinos, tal vez si ponemos más empeño en llenar estos vacíos que en cumplir una agenda para firmar un papel que diga paz, podremos encontrar una solución radical a la violencia.

Es allí donde deben replantearse las locomotoras del progreso, una de ellas sustentada en la explotación de nuestros recursos naturales que como inversión suenan muy bien, pero como efectos reales en la sociedad son de las actividades que menos empleo generan, que más efectos adversos al medio ambiente causan y que no dejan riqueza suficiente al estado para compensar sus efectos; no es más que cambiar nuestros recursos por espejos que hoy llamamos regalías. La verdadera paz no está en la Habana, la tenemos en nuestro territorio, pero solo la encontraremos siendo rigurosos y comprometidos con el desarrollo de un país que su mayor riqueza no es el oro sino su gente, gente que no tiene oportunidades dignas y ve en una actividad ilegal la opción para cargar con el peso de la canasta familiar, por ejemplo ¿Que paso con la pérdida del mar en San Andrés?, nada, ni un juicio de responsabilidad. Es hora de decirle a las Farc, mas hechos y menos retórica, tienen una oportunidad de cambiar la historia, una opción para dejar de marchitar sueños, para que soltando las armas puedan ahora si apoderar a parte del “pueblo” con la fuerza de las ideas.
 

Guillermo Cáez Socio 

Pardo Casallas Abogados

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