Germán Corcho Tróchez - gcorcho@larepublica.com.co Miércoles, 2 de octubre de 2013

Durante las últimas dos décadas, el mercado colombiano de las asesorías jurídicas ha sido incluido en las investigaciones anuales de la guía legal británica Chambers and Partners. Sin embargo, sólo desde 2009 aparece en el capítulo Latinoamérica, el cual suma ya su sexta edición.

Eso se debe a lo que Andrés Jaramillo Mejía, editor Chambers Latin América, llama un “crecimiento acelerado” del sector legal del país por “el buen momento de la economía nacional. No en vano, en su último ranking -el más prestigioso para los abogados- se agregaron las categorías de derecho minero y derechos de autor. “Y abriremos, el año que viene, derecho público y ciencia de la vida, que son los registros sanitarios y las autorizaciones en torno a la comercialización de alimentos y medicamentos”.

¿Qué desarrollo han visto del mercado colombiano de las asesorías legales?
Hemos visto un crecimiento impresionante que se debe al buen momento de la economía y al dinamismo de los negocios en los últimos 10 años, lo que ha impactado positivamente el mercado legal, que antes no tenía la madurez ni la sofisticación porque las mismas transacciones nacionales no lo exigían.

Eso ha llevado a un crecimiento acelerado de las firmas, a una sofisticación mayor de cómo se prestan los servicios y ha abierto los ojos del mundo sobre Colombia, como un mercado potencial para venir y prestar servicios. Por eso se ha visto la entrada de firmas internacionales, tres en los últimos dos años, algo que no había pasado nunca, y con la expectativa del ingreso de dos más. Eso es un reto enorme para los socios y las firmas locales.

¿Cómo han influenciado los grandes cambios sociales y económicos en Colombia al sector legal?
Desde un punto empresarial y de negocios, ha sido un impacto positivo. En el momento en que Colombia mejora su imagen internacional, se vuelve un destino atractivo de inversión, y coincide con la crisis en Estados Unidos y Europa, impactando el mercado legal. Entonces cada vez hay más empresas interesadas en el país y cada vez más se necesitan servicios para atender esa demanda extranjera.

¿La llegada de bufetes españoles se debe a la crisis de su país?
Creo que es más un desarrollo normal, porque también hemos visto la entrada de bufetes ingleses y norteamericanos. Entonces, es claro un interés que despierta el país para un bufete español que habla el mismo idioma, con tradición de relaciones con América Latina. Es un mercado natural fácil al cual expandirse. Un poco también el efecto negativo del mercado que están viviendo localmente, los llevan a mirar con más ganas otras posibilidades. Pero es una combinación de los dos y, sin lugar a dudas, lo hacen porque Colombia es un país donde se puede invertir.

¿Y los despachos colombianos sí han podido ampliar su presencia en el mundo?
En realidad, que yo sepa no hay ninguna firma colombiana que tenga presencia en el exterior. Ni siquiera oficinas en Nueva York. Creo que el mercado no ha llegado a ese nivel de sofisticación. Pero es algo que deberían empezar a mirar, ver alianzas con otras firmas que vayan más allá de las fronteras en el país.

¿El crecimiento del mercado legal colombiano va a la par de su economía interna o más a la par de sus acuerdos comerciales con otros países?
El mercado legal siempre va un poco detrás de los negocios porque va detrás de sus clientes y hasta donde vayan a llegar. Con algo como el TLC deben adecuarse a sus comodidades y a las necesidades reglamentarias que tengan a partir de eso.

¿Qué criterios tienen para ingresar a las firmas a su ranking?
Principalmente la investigación que hacemos: las transacciones en las que ha participado, los comentarios de los clientes y, muy importante, su proyección internacional.

¿Ha habido un despunte de Brigard & Urrutia por las acusaciones de asesorar la apropiación de baldíos?
Lo primero es que como no ha habido una decisión judicial sobre eso, no podemos entrar a ser jueces de ese caso. Y lo segundo, es que no hemos recibido ni un sólo comentario de un cliente, desacreditando la firma.