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Domingo, 18 de diciembre de 2016

Pues bien, este valioso adelanto en el fútbol lo estrenó, como no, un equipo colombiano. Le correspondió el “honor” a nuestro Atlético Nacional y de la inauguración, no salió bien librado. Un penal claro, pero invisible a los ojos del árbitro por la ubicación de este y la rapidez de la jugada; falta de esas “que no se pitan”.  Pero al margen de la decisión, es importante analizar las implicaciones de la aplicación de la repetición que, en este caso de instantánea tuvo poco, pues la jugada la revisan casi dos minutos después, cuando alguien le sopla al árbitro y este decide: parar el juego, mirar qué pasó y luego, conceder el penal. 

El ritmo del fútbol “Soccer” hace mucho más difícil el uso efectivo de este recurso. Los deportes anteriormente nombrados tienen pausas que permiten la revisión sin quitarle dinámica al juego. Los tiempos fuera no existen en el fútbol, tampoco un juez de mesa o en este caso, de video, que sea quien analice la jugada y en últimas le sugiera al central lo que tiene que hacer. 

Con la repetición, es mucho lo que se puede construir. Pensemos ¿quién puede pedir la repetición? Solo el árbitro o ¿también la pueden pedir los directores técnicos? ; ¿cuándo y cuántas veces se puede utilizar en un juego? ¿En qué momento? Y… qué hubiera pasado si, entre la falta y la revisión, Nacional hace gol… ¿se anula el gol y se ejecuta el penal? ¿Doble sanción? Si el gol hubiera sido del Kashima Antlers ¿Se perdona el penal y se deja el gol? Lo más sano, a mi modo de ver, es inmediatamente detener el juego, hacer la revisión, decidir y continuar. Esperemos que la FIFA saque conclusiones del experimento y mejore ésta herramienta.  

No hay que dejar de lado lo útil que resulta el video para sancionar a los simuladores. La Dimayor castigó a Darío Rodríguez del Bucaramanga, por fingir una falta que terminó en la expulsión injusta de Abel Aguilar del Cali, analizando un video posterior al partido y aplicando una nueva norma que castiga la inducción a error de los jueces y la simulación de faltas. 

Hay puristas que dicen que el “error” hace parte del fútbol y que la picardía bien utilizada – para engañar al árbitro – hace parte del juego, como la “Mano de Dios” que definió un Mundial en injustas circunstancias. 

No lo considero así y creo que el éxito de un mejor juego está en la adecuada implementación de las herramientas tecnológicas que le ayuden al árbitro, castiguen a los infractores y simuladores. Serán las máximas autoridades del fútbol las llamadas a cumplir la delicada tarea, buscando un equilibrio entre la dinámica del juego, cada vez más veloz y físico y las interrupciones que la revisión instantánea requiere sin dejar a un lado el tema de costos; pues no todos los partidos serán susceptibles de utilizar esta tecnología.  

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