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sábado, 3 de mayo de 2014

La misión primordial del periodista, del opinador, es poner en evidencia los desafueros y errores de quienes detentan el poder. Así es, la verdadera razón del periodismo no es ensalzar al gobernante de turno. Cosa distinta es que en Colombia algunos medios funjan de jefes de prensa de aquellos a los que deben de alguna manera supervisar: no se trata de criticar por criticar, sino de reconocer lo bueno y señalar sin contemplación lo malo.

El poder, sin el control de los medios, tiende a desbocarse más allá de las fronteras del exceso. Lo anterior es tan cierto que el primer síntoma de una dictadura es el ataque y la persecución de la prensa libre. Entre más alejado del poder y cerca de la gente esté un medio, mayor será su independencia y prestigio. Pero bueno… eso ciertamente es pensar con el deseo: estamos en Colombia y aquí todo es al revés de cómo debería ser.

Ratifico entonces que no tengo nada personal contra Santos, simplemente cumplo con mi deber, diciendo lo que pienso y siendo honesto con mis lectores. Es más, les confieso que la mala fortuna o ‘saladera’ que asedia al Presidente ha despertado en mí sentimientos lastimeros por el primer mandatario.

Hecha la anterior introducción, sugiero respetuosamente que el Presidente sea sometido a un examen psiquiátrico; ya se que los políticos son falsos y mentirosos por naturaleza, pero el comportamiento de los últimos días del doctor Santos francamente raya en el delirio. Juzguen ustedes:

-Según el Presidente, por primera vez en su historia el país ha logrado erradicar el desempleo. La verdad: hay mucha gente que literalmente se está muriendo de hambre.

-Según el Presidente, él es el único que puede alcanzar la paz. La verdad: aceptando los excesos de la guerrilla, cualquiera puede lograrlo.

-Según el Presidente, Colombia nunca había avanzado tanto como en su Gobierno. La verdad: caminamos, pero rumbo al abismo.

-Según el Presidente, nadie respeta tanto la ley como él. La verdad: Santos acata la ley solo cuando le conviene.

-Según el Presidente, él es un hombre de paz. La verdad: nadie que crea en la paz, llama fascistas a sus detractores.

-Según el Presidente, el Gobierno le cumplió a los campesinos y el sector agrícola está mejor que nunca. La verdad: El campo se marchita lenta e irremediablemente.

-Según el Presidente, es bueno tener de regreso a Petro. La verdad: Santos no ha hecho otra cosa que tratar de sacarlo para quedarse con la Alcaldía de Bogotá.

-Según el Presidente, el país va bien. La verdad: el futuro de Colombia es tan oscuro como la conciencia de Santos.

Lo que Santos no hizo en cuatro años con toda la confianza popular en sus manos y el favor de los medios de comunicación no lo hará en un segundo periodo, con el mundo en contra y sus mentiras descubiertas.

Si el presidente no está mal de la cabeza, significa entonces que es un cínico profesional. Ambas circunstancias lo imposibilitan para ejercer el poder.

Vote como quiera, querido lector, pero, por el bien de sus hijos y de los míos, no vote por Santos.

La ñapa I. Lo grave no es que Vargas Lleras se salga de casillas, lo preocupante es su insaciable apetito burocrático y contractual.

La ñapa II. Inaceptable que algunos candidatos presidenciales no asistan a los debates. Nadie que esconde lo que piensa, merece la confianza del electorado.