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Lunes, 16 de febrero de 2015

En lo que sí ha sido constante y persistente el señor Presidente, -y aquí la objetividad me obliga a hacerle un reconocimiento justo- es en su voluntad expresa e inmutable de comprar apoyos. No se puede olvidar -a pesar de que somos un país sin memoria- que fue precisamente el Primer Mandatario (cuando fungía como Ministro de Hacienda), quien se inventó los nefastos cupos indicativos, que no son otra cosa que los mismos auxilios parlamentarios, pero con distinto nombre y mejores maneras. Ni para qué ahondar en cómo consiguió la reelección el doctor Santos.

A diferencia de los auxilios parlamentarios, cuyos dineros eran administrados por los congresistas directamente (más de uno terminó preso por la malversación de esos fondos), los recursos de los cupos indicativos son asignados a las regiones por el Gobierno nacional, por sugerencia de los senadores y representantes, y, por supuesto, la ejecución de los mismos termina en manos de los contratistas “calanchines” de los políticos: todos se reparten su tajada en detrimento de la calidad de la obra. En otras palabras: es el mismo robispicio de antaño, pero mucho más pulido y con menos probabilidades de que caigan los ladrones, aunque hay contadas excepciones, en las que las cosas se hacen correcta y decentemente y eso también hay que decirlo.

Santos ha tenido claro desde siempre que, para llegar al poder y mantenerlo -bajo su lógica-, es necesario untar de “mermelada” a todo el que se pueda o se deje, y en eso ha sido exitoso. Por eso no me extraña el hecho de que la gran prensa nacional y varios de los más importantes generadores de opinión hayan caído rendidos ante el “dulce” y “empalagoso” embrujo de la pauta oficial y los contratos públicos. Eso explica el unanimismo de los medios de comunicación en torno a Santos, en la campaña presidencial y ahora. El papel fundamental de la prensa consiste en denunciar los excesos del poder y de ninguna manera debe servir como instrumento del régimen de turno.

Hasta el “impoluto” Antanas Mockus fue cooptado por “Juampa”. La verdad monda y lironda es que a Mockus lo compraron; sí, al mismo que se autodenominó el guardián de la moral y la cultura ciudadana, y solía decir que “los dineros públicos son sagrados”. Yo creo que es mejor ser odiado por lo que se es, que amado por lo que no se es. En todo caso, Antanas, en vez de promover marchas fletadas, debería organizar movilizaciones en todos los departamentos del país, para protestar por los carruseles de la salud, de la educación y de la contratación que pululan como plaga.

En Colombia no hay santistas de corazón: la gran mayoría de los que están con el presidente tienen un interés particular. No hay mística ni mucho menos fervor, porque Santos acostumbró a la gente a que lo siga por plata y puestos. El amor comprado es una ilusión que dura, lo que aguanta el bolsillo y el poder. 

¡Qué triste la vida de aquel hombre que nada se ha ganado, porque lo que tiene, o lo ha comprado o se lo han regalado!

La ñapa I: Peló el cobre José David Name, Presidente del Congreso, con el tema de los permisos de salida del país de la bancada del Centro Democrático.

La ñapa II: Mientras el Gobierno gasta plata en cuanta tontería hay, la Reforma Tributaria avanza voraz y contundente.

La ñapa III: Un país que mata a sus niños, no tiene salvación.