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domingo, 16 de marzo de 2014

Las elecciones parlamentarias del pasado domingo 9 de marzo dejaron en claro varias cosas. Por una parte, es evidente que nuestro sistema electoral es obsoleto y, por lo tanto, también inseguro. Desde la época de Nacho Vives no tenemos una reforma estructural de la ley que regula la materia. 

Mientras que en el resto del mundo civilizado opera el voto electrónico, el sufragio y el conteo de los mismos, en Colombia sigue siendo casi artesanal. Lo dije en mi anterior artículo: la Registraduría la tiene muy difícil, pues no cuenta con las herramientas legales que le permitan implementar un modelo que garantice el respeto irrestricto de la voluntad popular.

Cosas extrañas pasaron y eso es innegable. No es casualidad que de diferentes y muy alejados sectores del espectro ideológico surjan acusaciones de fraude. Los votos “perdidos” de varios movimientos políticos, las votaciones atípicas en algunos departamentos, la cantidad inusitada de votos nulos, entre muchas otras anomalías, son sintomáticas. 

¿Fraude o error de contabilización? Esa es la cuestión que hay que definir. Es injusto, en todo caso, señalar al Registrador Nacional como responsable de dichos eventos, como quiera que la labor de ese funcionario está limitada por la ley y es rebasada con creces por las tulas de plata que reparten ciertos políticos para comprar conciencias, manipular jurados y amañar resultados. 

Dicho lo anterior, entremos en materia.

Los Ganadores
El Centro Democrático: pasó de 0 Senadores a 19, con posibilidades serias de aumentar a 21 luego de que finalicen los escrutinios.

Álvaro Uribe: su triunfo es una proeza: sin mermelada, con el mundo en contra, con los medios bloqueándolo, demostró una vez más que sigue siendo un líder indiscutible de la política colombiana.

El Partido Conservador: todo el mundo los daba por muertos, pero lo cierto es que los godos están más vivos y vigentes que nunca.

Peñalosa: los cerca de 2 millones de votos que obtuvo lo posicionan como un muy fuerte candidato contra Santos en la batalla presidencial.

Robledo y Claudia López: la votación que sacaron es extraordinaria, como lo será la labor que desempeñen en el congreso.  

Los Perdedores
El Partido de la U: bajaron de 27 curules a 21, a pesar de ser el partido de gobierno y de contar con toda la “mermelada” estatal, disfrazada de “cupos indicativos.” 

Santos: la miopía del presidente es proverbial: para él no hay crisis, no hay paros y, además, ganó su partido. Ni a punta de billete ha podido.

El Partido Liberal: no superó las expectativas.

El Polo, los Verdes y el Mira: los dos primeros perdieron curules, y el último no alcanzó el umbral.

La prensa y la opinión capitalina: están desconectados de la realidad, no le daban más de 10 curules a Uribe.

El voto de opinión: los únicos que sacaron votos de opinión, fueron los candidatos Verdes, los del Polo, los del Centro Democrático y, para ser justo, uno que otro aspirante de la U, del conservatismo y del liberalismo. Lamentablemente, son más los votos del clientelismo y la corrupción que los votos a conciencia.

Varias conclusiones quedan al respecto: Es imperativo implementar cuanto antes una reforma estructural del sistema electoral; hay que imponerles severas restricciones y castigos a los mandatarios locales que utilizan el puesto y el presupuesto público para lanzar familiares al Congreso, como es el caso de los gobernadores de Córdoba, Sucre, Cesar, Santander, y los alcaldes de Medellín y Cartagena; los “chocorazos” no solo se dan en la Costa, también los hay en el interior del país; en política no hay cadáveres, solo exilios; llegó gente de primera al Congreso, pero también muchos de quinta; la reelección de Santos no está tan clara como algunos creen; la circunscripción nacional fue un grave error y lamentablemente estamos lejos de ser una verdadera democracia, porque puede más la plata, que las ideas.