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lunes, 12 de mayo de 2014

¿Qué futuro nos espera si la mitad del país se odia con la otra mitad? Una sociedad que no admite las diferencias, cualesquiera que estas sean, jamás alcanzará su desarrollo, ni como conglomerado humano, ni como economía productiva, ni mucho menos logrará la paz. En Colombia se criminaliza a quien piensa diferente, al que busca ser libre a partir de su independencia y criterio, al que es próspero porque trabaja con ahínco, pero también se persigue al ciudadano de a pie y se le somete a los peores oprobios, la mayoría de las veces, a manos del mismo Estado, supuestamente instituido para protegerlo.

Ya lo dije en otro artículo: somos una sociedad caníbal que espera la menor oportunidad para mostrar los dientes y destrozarse sin piedad. Cuando los lobos ya no tienen qué comer, degluten a sus propios hijos. Aquí la gente no piensa en levantar al caído, pues esa es la mejor oportunidad para patearlo. No hay grandeza, nobleza, caridad, humanidad; solo resentimiento y maldad. Colombia es un cementerio lleno de gente sin alma porque poco a poco, de tanta porquería que nos rodea, la hemos perdido sin remedio.

Vamos rumbo a un destino que no tiene retorno, y el epílogo será apocalíptico. Estamos trasegando las sendas de otras países que terminaron en guerras civiles intestinas, por la pugnacidad y la voracidad de ciudadanos que nunca entendieron que, para construir país, primero hay que edificar sociedades cohesionadas. 

Colombia es una “republiqueta” que carece de propósitos comunes, porque el interés particular es el que prima. La clase política, la empresarial, los medios de comunicación, los potentados, los humildes, los abogados, la señora del barrio, todos sin excepción hemos contribuido a que este lugar en el que vivimos se haya transformado en un vertedero de inmundicias, que contamina, asfixia y envenena.

Lo que llaman política aquí (en realidad, es un esperpento muy diferente de lo que debería ser esa actividad) es una radiografía de lo mal que estamos: el “cáncer” ha hecho metástasis hasta el tuétano. Por ejemplo, flaco favor prodigan en las actuales circunstancias quienes se dedican a ese cuento de hacer de la política, un espectáculo circense. Si quienes deben dar ejemplo promueven todo tipo de artimañas y ataques para deslegitimar al contendor, nada puede esperarse de la gente del común.

Aprovecho para decir que es tan absurdo pretender que el Presidente de la República haya recibido dinero de la mafia para pagar deudas de campaña, como lo es señalar al candidato Oscar Iván Zuluaga de ser el jefe de una conspiración cibernética. No tiene presentación y es irrespetuoso a más no poder acusar en un artículo de prensa a Juan Manuel Santos de ser el determinador de atentados y homicidios, pero no es menos grave e inaceptable que en otro escrito se compare al expresidente Uribe con Pablo Escobar.

Pongámonos serios todos y hagamos algo por cambiar el rumbo nefasto que llevamos. Antes que desarticular y desmovilizar a la guerrilla, las Bacrim y demás grupos ilegales, debemos Desarmar nuestros corazones. Es injusto e inmoral legarle a las generaciones venideras esta Cloaca Nacional.

La ñapa. En buena hora el Senado eligió como Magistrada de la Corte Constitucional a la jurista pastusa Gloria Ortiz, una mujer de calidades personales y profesionales, excepcionales.