Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

lunes, 23 de junio de 2014

A estas alturas, los anteriores cuestionamientos carecen de sentido. En política, gana quien más votos tenga, sin importar de dónde vengan. Es triste pero esa es la realidad, que no el deber ser. La política se ha convertido en una actividad innoble y rastrera, y no seré yo, con mis escritos, quien cambie tan macabra práctica. En todo caso, nadie dice nada ante la protuberancia de los hechos: el silencio impera. Al parecer, lo que conviene es pasar la página. Pues entonces, pasémosla.

Dicho lo anterior, es preciso señalar que los grandes triunfadores de la jornada electoral son los movimientos de izquierda que apoyaron a Santos, pues nunca antes habían sido tan determinantes en una elección a la primera magistratura. ¡Vaya paradoja!: Santos ganó su primer mandato con los votos de Uribe, y la reelección la consigue gracias a los votos contra Uribe. La diferencia de cerca de un millón de sufragios entre el Presidente y Zuluaga la puso la izquierda. De eso no hay duda.

De otra parte, la coalición de gobierno no debe desestimar la copiosa votación obtenida por Zuluaga, máxime por su posición desventajosa frente al presidente-candidato. Los resultados indican claramente que el país está dividido. Hay algo bueno en esa polarización: por primera vez en muchos años tendremos una oposición verdadera, que debe ser crítica, al tiempo que reflexiva y objetiva. Las democracias requieren del disenso para sostenerse, el unanimismo es un antídoto contra la razón.

Ese cuento de que ganó la paz, sí es pura “paja”: creer que todos los que votaron por Zuluaga quieren la guerra perpetua es una majadería comparable con aquella según la cual todos lo que votaron por Santos quieren una paz sin condiciones. No debemos hacerle el juego a ese sofisma, entre otras cosas porque la paz no se materializa con la desmovilización de los grupos armados ilegales: la paz se concretará, de manera definitiva, el día en que ningún niño se vaya a la cama sin comer, cuando todos los jóvenes de bajos recursos tengan acceso a una educación de calidad y gratuita, cuando haya trabajo digno para los excluidos, y ningún enfermo se muera en un andén esperando a que lo atiendan.

Quien no la tiene fácil, a pesar de la victoria, es el Presidente Santos. La situación que enfrenta es compleja. Su segundo mandato está completamente hipotecado. Los congresistas y políticos que lo eligieron harán valer su apoyo, lo que ciertamente ocasionará fracturas y fisiones al interior de la Unidad Nacional. Las exigencias burocráticas no se harán esperar, y es claro que no hay cama para tanta gente. Capítulo aparte merece el proceso de paz con las Farc: si no hay resultados pronto, la opinión pública le pasará una costosa factura al Presidente.

Santos se ganó la rifa, y el premio es un hermoso y peligroso Tigre, que se llama Reelección. Si le da de comer, no tendrá problemas, pero si deja de alimentarlo por un solo día, lo más probable es que el felino se lance sobre él y lo devore.

La ñapa I: Reitero: no tengo nada personal contra el Presidente. La labor de un periodista o columnista es denunciar los excesos del poder. En esa lucha seguiré, a pesar de que algunos santistas se jacten diciendo que soy un personaje incómodo del que “hay que salir” como sea. No obstante, deseo de todo corazón que le vaya bien a Santos, pues de lo contrario nos irá mal a todos.

La ñapa II: estoy de acuerdo con el Presidente: la reelección hay que eliminarla, lástima que no lo haya dicho antes.