Lunes, 9 de febrero de 2015

Hay que educar a esos muchachos, abandonados por el Estado, en oficios que sean prácticos y que tengan bastante demanda. No me malinterpreten, pero no tiene caso insistir en carreras tradicionales o rimbombantes, cuando se pueden cursar otros estudios en menor tiempo y a un bajo costo o gratis. Lo anterior no significa que uno de estos futuros estudiantes pobres no pueda ser médico o abogado, ni más faltaba, pero es obvio que se requiere un plan de choque educativo, que implique una preparación expedita, segura y confiable, para cambiar, de una buena vez, la ecuación de la desigualdad.

Ya sé que están pensando en el Sena, pero permítanme decirles, queridos lectores, que, lamentablemente, ese instituto es más político que técnico: solo basta revisar quiénes lo manejan a nivel nacional y departamental. Aparte de los puestos, lo único que al final les interesa a los directivos del Sena son las cifras y las estadísticas: reportan que educan al año 8 millones de colombianos, haciendo uso de un presupuesto de 3 billones, lo que significa que invierten algo así como 1000 pesos diarios por alumno. Eso sí no lo publican. Con esa plata no se educa a nadie. En todo caso, hay que darles prioridad a las nuevas generaciones, porque, así suene a cliché, son el futuro de este país.

La criminalidad va en ascenso: cada día, jóvenes entre los 13 y 22 años engrosan las filas de la delincuencia común y grupos subversivos. Por eso, si educamos a ese sector de la población marginada, no solamente desactivamos la violencia, sino también la bomba social que trae consigo la exclusión. Se me ocurre algo: todos esos jóvenes sin oportunidades (los que están en la guerrilla, los que atracan o los que viven lejos de las zonas urbanas etc.) podrían prepararse para trabajar en el campo. Colombia cuenta con 20 millones de hectáreas aptas para el cultivo de alimentos y casi 17 millones para la reforestación o siembra de árboles.

Ya lo he dicho en otros artículos: con la suficiente voluntad política, Colombia podría ser potencia mundial agrícola. La dieta en el mundo está cambiando, pues, al subir el nivel de vida y al recibir mayor información sobre la salud, la gente prefiere comer más sano: frutas, verduras y pescado. Los países productores de harina, almidones y carne, que son líderes en estos productos, empiezan a perder mercado, por el cambio de las costumbres alimenticias y por las estaciones. Nosotros, en el trópico, podemos cosechar todo el año los productos para una vida sana. Nos faltan la decisión estatal y la fuerza de trabajo que deben ser esos jóvenes que se encuentran a la deriva en la vida. Hay que formarlos para que aprendan a trabajar y a explotar el campo. Para eso también necesitamos una política agraria coherente.

En la educación adecuada, está la salvación.

La ñapa I. ¡Que viva la mejor fiesta del mundo: el carnaval de Barranquilla!

La ñapa II: Vuelven los toros a Bogotá, a pesar de la oposición de Petro “el Prevaricador” y olé.

La ñapa III: La ley es clara: en el actual estado procesal, María Del Pilar Hurtado, no puede colaborar con la justicia, y mucho menos recibir beneficios.