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viernes, 6 de septiembre de 2013

Estas últimas semanas nuestro país se ha visto golpeado por innumerables sucesos que estaban en mora de estallar hace mucho tiempo. Las políticas agrarias, la explotación minera ilegal, los costos de producción y venta del café, la infraestructura vial, la salud, la educación, las tarifas de la gasolina, la inoperancia de la ley, etc; Casualmente y sin quererlo, han hecho olvidar el vacío gubernamental que existe desde hace mucho tiempo con la administración Retro en la capital del país.

La semiología adoptada estos últimos días por el Alcalde de Bogotá ha dado para todo. Aprovechando la coyuntura agraria, el gobernante de algunos bogotanos ha desfilado en ruana por cada uno de sus discursos, adoptando una pose de mártir politiquero que adorna con inclusiones sociales incoherentes en vista de su pobre gestión en la capital colombiana.
 
El señor Petro, desconociendo las últimas informaciones de calidad de vida en Latinoamérica y en la cual ocupamos el último lugar, se ha atrevido a lanzar tuits hablando sobre los problemas nacionales, echándole el agua sucia al Gobierno, generando ruidos controversiales en un momento que se necesitan soluciones inmediatas. 
 
El político reconocido por su falta de gestión, sus problemas con la salud de la ciudad, la inoperancia frente a los indicios de incremento de la violencia, la presunta violación a la libre competencia en el tema de las basuras, los extraños movimientos presupuestales en el Acueducto de Bogotá, las masivas renuncias de sus principales amigos y asesores, la constante carga histórica del carrusel de la contratación en infraestructura distrital, alguno que otro escándalo público de sus funcionarios por acoso sexual, y una que otra ausencia de cara a los otros estratos sociales abandonados por su gestión; ha aprovechado el contexto nacional para desviar la atención de sus propios pecados y tratar de lavarlos con los males que están sufriendo millones de colombianos en varios sectores de la economía.
 
No suficiente con los constantes desaciertos, el señor Petro parece no haberse dado cuenta que la ciudad es un poco más grande que lo que abarca su limitada visión. El POT, El Pico y Placa, el caos en movilidad a cualquier hora del día, la falta de seguridad en el sistema de transporte “icono” de la ciudad y la pobre solución en movilidad y desarrollo de ese sistema, son un pequeño ejemplo del malestar que enfrentan día a día millones de bogotanos que sin quererlo han visto como su dignidad mundial se desvanece en el ámbito internacional, al calor del desarrollo sostenible y uniforme de casi todas las capitales industrializadas del mundo.
 
Mientras el mundo gira, crece, se desarrolla e industrializa, la opción en Bogotá ha sido buscar alternativas para vivir lejos de todo este caos. A las afueras de la ciudad, los metros cuadrados se han disparado en el aumento de costos, los cuales, sumados a los peajes diarios para transitar por vías despedazadas incrementan los gastos de los ciudadanos que sin seguridad alguna salen con las cuatro llantas de su carro pero no saben con cuántas regresan, bien sea por los huecos de la ciudad o la abundancia de ladrones que existen en cualquier esquina de la capital colombiana.
 
A pesar de todo esto ahí está él, feliz con su twitter, hablando de lo humano y lo divino, tratando de desvanecer una realidad caótica de atraso de una de las ciudades más importantes de Latinoamérica, la cual si fuera “humana” sería más parecida por lo menos a lo que existía hace unos 12 años y no a la selva impenetrable de donde provinieron esos ideales incompetentes, subdesarrollados, instintivos y tercos.
 
Sin duda alguna la administración Retro tendrá un impacto negativo significante en la ciudad. El atraso desmedido, la improvisación de sus políticas, la terquedad desbordada y la falta de proyección y cohesión social, serán una fuerte deficiencia con la que entrará a lidiar un futuro gobernante, el cual, por el bien urgente de la ciudad, ojalá no lo escoja el mismo grupo de “campeones” que hoy como Judas,  niegan haber vendido su dignidad por una silla que desde hace más de 24 meses ha estado vacante.