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lunes, 20 de abril de 2015

Ellos, dignos representantes de ésta, “la política del amor” evalúan el comité de recepción papal con el reconocido promotor de conductas intrafamiliares Diego Armando Maradona, la muy patriótica Piedad Córdoba y el Presidente fundador de la ya reconocida AsoPreso, Doctor Samuel Moreno.

La muy esperada visita del Papa a Colombia parece haber terminado debido a la comunicación oficial del Vaticano sobre el interés de Su Santidad para visitar nuestra patria, pero Ecuador, Bolivia y Paraguay son los primeros opcionados para 2015. ¿Qué fue lo que realmente pasó para que Francisco hubiera escogido viajar primero a estos tres países de izquierda si Colombia ya se está graduando en esta materia? 

Cuando el secretario privado le dijo al Papa Francisco que su Papamóvil no podía transitar por la carreta séptima en el centro de Bogotá por la peatonalización de algún brillante empresario-alcalde-recolector empírico de basuras, y cuando se enteró que la carrera 11 ya era doble vía y que tenía “pico y placa” porque su placa terminaba en el número de la santísima trinidad; Francisco decidió rotundamente llamar a Avianca y pagar una cómoda penalidad para poder correr su viaje hasta 2016.

En su infinita sabiduría y anteponiéndose a quedar estampado en una única diapositiva de eventuales logros del informe de gestión de “la política del amor” de la Bogotá más deshumanizada de los últimos tiempos; el Papa Francisco prefirió hacerle el quite a los guiños de Lucerito Cortés quien acababa de comprar un selfiestick para usarlo en su reclusión domiciliaria, en donde muy optimista, esperaba poder invitarlo a un buen ajiaco santafereño.   

Tamaño de sonrisa dejó ver Francisco cuando también se enteró que estaba dejando metido a Roy Barreras quien ya había alquilado la Limosina de los Tv y Novelas para ir a recogerlo al aeropuerto en donde Germán Vargas ya estaba chasqueando los dedos para lograr una foto casual que impulse su futura campaña.

Tristes también se quedaron los expertos de la alfombra roja quienes no podían dejar ir al Pontífice al hotel sin antes preguntarle: “Santidad, ¿cuál es su estilo?”. Menos mal el Papa no ha tenido que oír estas preguntas porque le daría una santa úlcera en el momento en que nuestra Canciller con su afamado carisma se otorgara los créditos por su visita.

Nuestros militares, TRISTEMENTE con las manos atadas y con órdenes expresas de no defender a ningún colombiano sufrían por la impotencia de dejar la seguridad del Pontífice en manos de la Policía, específicamente en el pecho de la General Bustos, quien a pesar de su tenacidad y criterio tampoco puede hacer mayor cosa porque nuestra Policía legalmente está diseñada para “bolillo en mano” pegar cachetaditas en Transmilenio.

El pan ya estaba en el horno. Mr. 50 mil votos, Mr “usted no sabe quién soy” y el honorable magistrado Mr. 500 millones de pesos (que extemporáneamente nos entera de todas las pilatunas de sus compañeritos) ya estaban listos para fungir de relacionistas públicos de Francisco en las agendas de medios de comunicación que ya había gestionado Nohemí Sanín siempre y cuando pudiera cantar el himno nacional.

La gran noticia de la visita del Papa, que en lo personal conmueve, anima y alegra; tristemente ojalá sea aplazada indefinidamente por su Santidad, toda vez que, además de llenar de esperanza a todo un pueblo “feliz” acostumbrado a errores tontos a costas de la interminable corrupción e ineficiencia de sus gobernantes, pueda ser mal aprovechada para justificar logros políticos inexistentes de algunos dirigentes inescrupulosos.