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sábado, 6 de agosto de 2016

Es muy difícil entender cuál es la gran novedad de un baño mixto, y más complejo todavía entender las razones de sus detractores. Me pregunto si es que acaso lo normal y natural son los baños exclusivos para hombres y mujeres, pues habría que cuestionarse si las familias que comparten el baño indiscriminadamente son un insulto a la moral y las buenas costumbres.

Pero mientras el rector del Externado, Juan Carlos Henao, anuncia que la medida fue implementada para generar reflexiones sobre la tolerancia, el respeto por el otro, la inclusión y erradicar a través de pequeñas medidas prácticas conductas discriminatorias por razones de género, para de ese modo garantizar los derechos básicos de todos los estudiantes y demás personas que por diferentes razones visiten el Externado; la diputada de Santander, Ángela Hernández, pregona todo lo contrario para la educación básica. 

Para la diputada Hernández lo que debe normalizarse es la discriminación llegando al absurdo de plantear que sean creados colegios Lgbti, sólo para personas que estén dentro de este grupo y así  rechazar cualquier reflexión sobre respeto, inclusión tolerancia y convivencia en los jóvenes. 

La diputada, ciega por sus prejuicios de forma irrespetuosa e invasiva de la intimidad de la Ministra de Educación, le atribuye a la orientación sexual de esta la labor que el Ministerio de Educación, por expresa orden de la Corte Constitucional (Sentencia T-478 de 2015) viene realizando sobre los Manuales de Convivencia de los colegios. 

Lo anterior, para garantizar que no vulneren los derechos de las personas Lgbti, sean respetuosos de la orientación sexual,  la identidad de género de los estudiantes e incorporen nuevas formas y alternativas para fortalecer la convivencia escolar. 

Ejerciendo así, los derechos humanos, sexuales y reproductivos que permitan aprender del error, respetar la diversidad y dirimir los conflictos de manera pacífica.

Mientras en la Universidad se busca eliminar la discriminación, generar un ambiente de paz donde reine la tolerancia y el respeto por el otro, la diputada temerosa, busca que en los colegios se reafirmen los prejuicios y la discriminación con un discurso violento que se escuda en una falsa moral y que, además de ilegal, propone desconociendo abiertamente la Constitución.

En tiempos de posconflicto, cuando el país debería estar preocupándose por educar a las nuevas generaciones en un marco de paz, tolerancia, sin miedo ni violencia, las posturas de la diputada Hernández chocan con cualquier esperanza de lograr algún día que Colombia sea un país pacífico, garantista y libre de violencia.

 Diputada, la violencia no sólo está en las armas, también está en las palabras y el desconocimiento de los derechos de las minorías.