Miércoles, 31 de diciembre de 2014

En las relaciones internacionales, los virajes suelen hacerse a ritmo pausado, a veces imperceptible para los observadores desprevenidos.   Cuando éstos se notifican en forma súbita, la trascendencia del hecho se magnifica con la atención noticiosa resultante.   Tal es el caso del anuncio de la normalización de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba del 17 de diciembre.   Esa decisión clausuró una etapa de hostilidad recíproca que había durado cincuenta y tres años. 

Las implicaciones que tenga la nueva relación con Washington para el régimen de Raúl Castro están por verse.  Para Barack Obama, el entendimiento con Cuba cumple dos objetivos.  En el frente interno, libera el manejo de las relaciones con La Habana de la agenda política del exilio cubano.   En el frente diplomático, remueve un tema de controversia con América Latina, y crea las condiciones para abrir una nueva etapa en las relaciones hemisféricas.

Si bien la decisión de normalizar las relaciones bilaterales llegó como una sorpresa, no fue producto de la improvisación.  Fue el resultado de meses de negociaciones confidenciales entre un grupo reducido de negociadores de los dos países, auspiciadas por el gobierno de Canadá y por el Vaticano.   A diferencia de lo ocurrido en ocasiones anteriores, cuando los presidentes Carter y Clinton vieron frustrados sus intentos de mejorar las relaciones bilaterales por parte del gobierno cubano,  la iniciativa del presidente Obama fue bien recibida.

El temor de los dirigentes cubanos al eventual colapso económico de Venezuela es un factor al cual se le atribuye haber preferido el pragmatismo a la rigidez ideológica para responder a la propuesta norteamericana.   El acercamiento con Estados Unidos en las actuales circunstancias equivale a una póliza de seguros contra el riesgo de la pérdida del subsidio petrolero venezolano.  Desde el punto de vista del gobierno cubano, el viraje mencionado puede interpretarse como un voto de no confianza en el manejo económico y la estabilidad del régimen venezolano.

Las autoridades cubanas disponen de información privilegiada acerca de la ineptitud del régimen venezolano, y del desastre económico del cual es responsable.  Las dimensiones del desastre se ocultan, suprimiendo la publicación de estadísticas oficiales.   Para Nicolás Maduro, lo que ha sucedido, además de desconcertante, es una pésima noticia.  Sus mentores y aliados son conscientes de que Venezuela se encuentra al borde de la insolvencia.

El nuevo clima de distensión se pondrá en evidencia en la Cumbre de las Américas del mes de abril en Panamá, con la participación de Cuba y de Estados Unidos.  Es previsible que ese evento transcurra en un ambiente menos conflictivo que el que prevaleció en la reunión del año 2005. La reunión en Mar del Plata sirvió de escenario para que los presidentes Chávez, Kirchner y Lula, respaldados por el ideólogo argentino Diego Maradona, rechazaran el libre comercio con Canadá y Estados Unidos.  Ese triunfo resultó ser bastante menos brillante de lo que creyeron sus protagonistas.