Viernes, 16 de agosto de 2013

A los colombianos nos fueron acorralando casi todos los países en una oleada discriminatoria en donde a través del sistema de visados, nos impiden el libre acceso a otro territorio, así sea por un simple viaje de turismo de un par de días.

Hasta los vecinos nos impusieron la famosa talanquera y resultaba imposible ir a Venezuela o Ecuador, sin previamente llenar formularios, adjuntar interminables documentaciones y afrontar tediosas filas en los consulados rogando un permiso de entrada por algunos días.

El Presidente Santos ha abordado el tema y nueve países han levantado la restricción, entre ellos Brasil y México, y logró también que Estados Unidos flexibilizara los trámites y extendiera hasta 10 años la vigencia de la visa para entradas múltiples.

Hoy el panorama que exhibe Colombia es muy distinto al de hace una década; nuestra economía tiene un buen desempeño, la seguridad ha mejorado sustancialmente y el narcotráfico ha perdido importante terreno en nuestro medio.

Y nos encontramos en un escenario curioso: mientras los demás países nos impedían el ingreso, hoy Colombia recibe sin restricciones a venezolanos, españoles, italianos, coreanos, ingleses y centroamericanos, y ellos, más allá de posar de simples turistas, con especial facilidad se incorporan a actividades laborales, comerciales, industriales o educativas. Y fuera de eso la mejoría de la capacidad económica de los nacionales, permite hacer turismo y llevar divisas a quienes con tanta angustia las requieren en estos momentos.

El Presidente Rajoy de España ha solicitado a la Unión Europea que levante el veto a Colombia, después de que fue precisamente ese país y ese partido gobernante, quienes habían solicitado y exigido el visado para nuestros compatriotas. Pero nos salen ahora con que esa aprobación puede demorar hasta finales de 2014 y requiere además de un engorroso trámite, en donde todos los países deben votar por el levantamiento de la restricción.

Creo que es hora de exigir respeto para nuestro país y de poner de presente las debidas reciprocidades, pues no es justo que mientras nuestro territorio está abierto para los extranjeros y otorga toda clase de prerrogativas para ofrecer las garantías del caso, a los colombianos se nos discrimine y se nos humille con esas restricciones, como si fuéramos los parias del planeta, o sencillamente los indeseables.

Basta ya. La reclamación tiene que ser clara y contundente, pues si hablamos siempre se países amigos, no puede esa amistad estar rodeada de tan ofensivas hostilidades.