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Alejandro Arias sábado, 16 de febrero de 2013

Claro que ante la ausencia de representantes que puedan transmitir la realidad local del Parque Tayrona, no hubo un solo samario invitado, y por fortuna a quien iban a invitar ya no aparecía entre los participantes (personaje a quien he señalado de cómplice de muchas de las ilicitudes denunciadas en dicho sagrado territorio) hoy hago una descripción sucinta del escenario ambiental que nos ocupa en su defensa: el sector de Los Ciruelos.

Si no ha tenido la oportunidad de conocer Los Ciruelos en el Parque Nacional Natural Tayrona entonces le quito unos pocos minutos para describirle lo que hay ahí y de esa forma ilustrarlo no solo sobre su importancia sino también sobre la fragilidad de su ecosistema.
 
Este bosque que crece en Los Ciruelos y que con valentía han decidido proteger Julia Miranda, directora Nacional de Parques, Luz Elvira Angarita, directora Territorial de Parques del Caribe, Martha Jiménez, jefe de Área Protegida del Parque Tayrona y los funcionarios de Parques Nacionales se desarrolla donde el invierno y el verano tropical son marcados.
 
Si se descubren en época lluviosa, se confunden a primera vista con selvas húmedas. Pero en el verano la mayoría de las especies pierden sus hojas, órgano por el cual ocurre la transpiración, de modo que el agua queda atesorada en troncos y raíces engrosados. Muchas especies florecen y el bosque se reviste de colores entre lo que pareciera esqueletos de árboles muertos. Algunas de las vistosas flores pertenecen a enredaderas y no al árbol que las sostiene. Especies lechosas como el barbasco, llevan la contraria: se revisten de hojas durante esta época y las pierden en la temporada lluviosa. Estos son los bosques de las maderas más preciosas y las floraciones más espectaculares: los guayacanes en blanco o amarillo, los ocobos en rosa, los cámbulos en rojo, los gualandayes en azul, los lluvia de oro en amarillo.  Aquí también se dan maderas durísimas como el marfil, o aromáticas como el incienso. Estos bosques están  decayendo rápidamente debido a la tala.
 
Las especies vegetales de estos bosques son una reserva de vida para la temporada dura de los veranos. Como paisaje, son la delicia de los naturalistas, pues por ser su follaje más descubierto que el de los bosques húmedos, se observan reptiles y mamíferos con facilidad. Como oferta de semillas y reserva genética de especies amenazadas de maderas y resinas preciosas y por su resistencia y belleza, muchas de las especies forestales que hoy se usan en la ornamentación de las ciudades, vienen originalmente de estos ecosistemas. De estos bosques secos en Colombia sólo subsisten el 1,5% del total que tenía el país en la Colonia y el mayor de ellos es precisamente el de Los Ciruelos.
 
Uno de los árboles amenazados con desaparecer es el macururú. Árbol nativo de Santa Marta cuyas últimas especies subsisten en el bosque seco de Los Ciruelos.
 
Otro importante componente dentro de los flujos de servicios no mercadeables de Los Ciruelos en el Parque Nacional Natural Tayrona lo constituye el valor arqueológico que tiene esta área. Dentro de la zona se encuentran vestigios arqueológicos, huellas y señales de culturas pasadas. Tales como caminos internos, sitios de pagamento, basureros y cementerios de las civilizaciones antiguas que habitaron la zona. En ella se han encontrado restos con una antigüedad que data de cerca de 2000 años antes de Cristo. Estos restos evidencian actividades de orfebrería y cerámica.
 
 
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