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sábado, 16 de junio de 2012

Es la naturaleza y la vida la que está en juego en la cumbre de Rio de Janeiro, en donde el país participa entre una dicotomía: Explotar nuestros minerales para que las empresas transaccionales se los lleven, o preferir un vaso de agua para no tener sed.

Y es que en la vieja cumbre de Rio se consagró al mayor nivel político la posibilidad de lograr un desarrollo económico, que destierre la pobreza, la inequidad y la destrucción ambiental.

El Banco Interamericano de Desarrollo divulgó en estos días que America Latina y el caribe sufrieron daños anuales por valor de US$100.000 millones de dólares como consecuencia de los efectos relacionados con el calentamiento global y el cambio climático, lo que equivale al 2% del PIB de la región. Esta vulnerabilidad se debe en resumen a la dependencia económica de las exportaciones de recursos naturales, una infraestructura sensible a los temas del medio ambiente y a la presencia de fenómenos bioclimáticos. Además la cumbre se adelantará ante la sombra del inocultable fracaso en la ejecución de la convención sobre cambio climático, uno de los acuerdos firmados en Rio, lo cual ha puesto al planeta frente a un futuro irrigado de amenazas que cada vez se hacen más evidentes.Y los colombianos, si seguimos a espaldas de esta realidad más temprano que tarde, dejaremos de ser los reyes de la biodiversidad y nos convertiremos como dice el vicepresidente, en unos simples 'zarrapastrosos' de un bien que algún día nos colocó en la cima del mundo.

En los últimos 20 años, Colombia ha perdido cerca del 10% de sus bosques, en otras palabras más de 6 millones de hectáreas de bosque fueron taladas, lo que podría llevarlo, si bien tiene una cifra baja de emisión de gases, a convertirse, por la tala indiscriminada, en un serio contaminador del planeta.Ignacio Ramonet define la Cumbre de Rio como: El debate central será entre el concepto de 'economía verde' que definen los portavoces del neoliberalismo, y el de 'economía solidaria' promovida por los movimientos que creen que sin la superación del modelo actual de 'desarrollo predatorio', basado en la acumulación privada de riqueza, no habrá preservación ambiental.Es desastroso que las juventudes colombianas permanezcan impávidas ante esta evidente realidad que enfrentamos. Son las generaciones futuras las que afrontarán el resultado de este mal manejo que el gobierno y la sociedad le han dado al medio ambiente.

No es con simples reformas a la CAR, ni más burocracias, es con acciones concretas que podemos salvar al planeta. Si no cámbianos nuestra filosofía de la vida y del modelo económico, a Rio de Janeiro vamos a llegar sin ríos, sin mares y como su nombre lo indica, no con medio ambiente, sino sin ningún ambiente. Por eso creemos que el bienestar de un país no se mide ni en dólares ni en euros. En fin, la cumbre de los pueblos reclama un vasto programa de 'consumo responsable' que incluya una nueva ética del cuidado y del compartir, una preocupación contra la obsolescencia artificial de los productos; una preferencia por los bienes producidos por la economía social y solidaria basada en el trabajo y no en el capital, y un rechazo del consumo de productos realizados a costa del trabajo esclavo.

Es tiempo de medirlo en agua limpia, comida sin venenos, aire puro y armónico. En otras palabras, el objetivo es reducir las curvas de emisión a 2 toneladas per-cápita, frenando la deforestación y combinando con medidas que eliminen la huella de carbono en la matriz energética, cambiando los modelos de consumo de una sociedad depredadora de cosas inútiles que desbalancea la estructura de la madre tierra.

Jaime Ardila Barrera

Auditor general de La República

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