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Néstor Ramírez lunes, 4 de febrero de 2013

Durante 2012, el hacinamiento carcelario volvió a posicionarse como uno de los temas que generaron preocupaciones entre la opinión pública en Colombia.

Con unos registros de más de 50% de hacinamiento para octubre del año pasado, la controversia sobre las condiciones de los internos y la afectación de sus derechos fundamentales estuvo dentro de la agenda pública, planteándose la posibilidad de reformar el régimen penitenciario y carcelario e introducir medidas para enfrentar esta situación. Sin embargo, un tema que ha tenido poca repercusión dentro de esta problemática, es la proporción de la población privada de la libertad que ha reincidido en la criminalidad.
 
Al examinar las cifras generadas por el INPEC, si se observan los números absolutos se encuentra una tendencia al incremento de la población reclusa reincidente, pasando de 8.121 internos con esta característica en 2002 a 14.689 en 2012 (13.358 hombres y 1.151 mujeres), constituyendo esto un aumento del 81%. Sin embargo, se encuentra que la población reincidente en los centros de reclusión como proporción del total de población privada de la libertad ha tendido a fluctuar durante los últimos diez años, registrando un pico máximo de 17% en 2007 y un mínimo de 12.9% en 2003 y 2004; mientras que en 2012 la proporción se ubicó en 13.4%. Esto se explica por el incremento paralelo del total de población reclusa, la cual se ha duplicado entre 2002 y 2012 (pasando de 51.276 reclusos al inicio de este periodo, a 109.453 en el último año). 
 
Otro dato de importancia, es la edad promedio de comisión del primer delito, que tanto para hombres como para mujeres es de 25 años. Sin embargo, para el caso de los hombres preocupa que un 27% de los condenados cometieron su primer delito entre los 18 y los 24 años, mientras que un 16% lo hizo entre los 14 y los 17 años -proporción ostensiblemente menor a lo reportado en el caso de las mujeres, entre las cuales solo un 8% cometió su primer delito entre los 14 y los 17 años-. En cuanto a los delitos cometidos por primera vez, se encuentran algunas diferencias entre hombres y mujeres: mientras que los primeros inician con la comisión de hurto (22%),  homicidio (15%) y delitos sexuales (11.3%); las mujeres inician con el tráfico de estupefacientes (26.5%),  el hurto (19%) y el homicidio (16%). 
 
En suma, la situación de hacinamiento carcelario no ha dejado de estar permeada por una considerable proporción de reincidentes. La función resocializadora de la pena se pone en entredicho cuando se evidencia que cada vez un número más elevado de reclusos vuelven a pasar por las cárceles, aferrando el concepto de los centros de reclusión como “escuelas del delito”. 
 
En esta medida, de la mano con la alerta reiteradamente mencionada en 2012 sobre la necesidad de diseñar soluciones para la problemática del hacinamiento; es también pertinente elaborar estrategias que garanticen las condiciones para que las actividades educativas y laborales que se imparten dentro de los programas de resocialización contribuyan a la reinserción efectiva de los reclusos en la sociedad una vez recobren la libertad. 
 
Por último, se debe prestar especial atención a la situación de los niños y adolescentes, puesto que preocupa la temprana iniciación de esta población en el delito y el potencial foco de reincidencia que desde acá se constituye.
 
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