Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

  • Carlos Parra Dussan

jueves, 5 de noviembre de 2015

Yo recuerdo que estaba escuchando un partido de fútbol, cuando interrumpieron la transmisión para anunciar que se estaban tomando el Palacio de Justicia, pero la verdad es que como niño no podía dimensionar el gran significado de este suceso para el país.

Pese a que los recuerdos son confusos, al día siguiente tengo claro en mi memoria que pude escuchar en la radio a un empleado de la Corte, que escondido debajo de una mesa, le contaba a Yamid Amat minuto a minuto cómo el M-19 se iba apoderando del Palacio, en la transmisión se oían los tiros, el andar de los tanques y los gritos de la gente.

La vida de muchos colombianos quedó marcada por los trágicos sucesos de la toma y retoma del Palacio de Justicia, tanto que  30 años después se registran detalles desconocidos de lo que ocurrió esos dos días de noviembre que cambiaron para siempre la historia de la justicia en Colombia.

Incluso nunca pensé que la justicia sería algo tan importante para mi vida, pues años más tarde mi hice abogado, por lo que pude entender la trascendencia del holocausto del Palacio de Justicia.

Posteriormente, tuve que vivir la reconstrucción del Palacio, pues estudiaba en la Universidad del Rosario, muy cerca del sitio donde ocurrió la cruenta masacre y donde hoy se erige el nuevo Palacio que ya no sé si llamarlo de Justicia.

Paradójicamente he tenido que asistir al nuevo Palacio a diversas audiencias, es más me postulé como magistrado de la Corte Constitucional, pero aún así, es difícil entender todas las implicaciones que ha tenido este hecho en la historia de Colombia.

Es curioso, pues dicen que la justicia es ciega y yo que no veo y soy abogado pudiera encarnarla, pero en realidad el niño ciego de 1985 aún no era protagonista, el compañero invidente que grabó todo lo ocurrido en el Palacio de Justicia fue Pablo Montaña, que como músico ciego, sintonizó la frecuencia del ejército y grabó 4 casetes que han servido para esclarecer los verdaderos hechos del Palacio.

Pero en este relato no solo quiero contar que el ciego protagonista no era yo, pues en realidad era Pablo Montaña, un músico ciego, curioso impertinente, que alzaba sus antenas desde la terraza de un inquilinato cercano. 

En la tarde, después de escuchar el extra en la sede de la orquesta de invidentes Balalaika, de la que era trompetista, intentó llegar hasta la Plaza de Bolívar para escuchar qué pasaba en el centro de Bogotá, para poderlo describir a sus compañeros ciegos, pero a los ciegos  de la historia. 

Sin embargo se tuvo que devolver con despecho, por lo que sacó sus aparatos de radio aficionado y como vivía cerca de la Plaza de Bolívar, en un walkie-talkie sintonizó una frecuencia. Escuchó que lo que decían los militares era importante, por eso se puso a grabar en casetes el registro de la historia.

Lo que él nunca se imaginó, es que sería la prueba que esclarecería el caso pese a ser un testigo ciego.

Pablo Montaña grabó 4 casetes de instrucciones militares, siguió la toma en directo mientras medio país se dedicaba a escuchar la fecha del octagonal de fútbol.

En conclusión, el ciego músico Pablo Montaña grabó el registro acásico de la historia de Colombia y aunque ya murió, me dejó el legado de seguir escribiendo a través de esta columna los grandes hechos de la historia, demostrando que en realidad la justicia es ciega.

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.