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Mateo Jaramillo - mjaramillo@larepublica.com.co Miércoles, 2 de octubre de 2013

En 1994, un empresario de Boston, Massachusetts llamado George Howell creó un café expreso con un espuma de leche al que llamó Frappuccino. Al año siguiente, la cadena Starbucks compró The Coffee Connection, fundada por Howell, y de paso los derechos del nuevo producto.

En noviembre de 2011, la firma Internacional de Cerámica solicitó el registro de la marca Frappuccino para los productos de la clase 19 de la clasificación de Niza que hace referencia a los materiales de construcción.

Cuando se publicó la solicitud en la Gaceta de Propiedad Industrial, los apoderados de Starbucks Corporation presentaron oposición por tener en su amparo las marcas Frappuccino en las clases 18, 25, 29, 30, 32, 42 y 43.

Los opositores expusieron que la “coexistencia podría facilitar un aprovechamiento indebido de la reputación de la marca prioritaria y la dilución de su fuerza distintiva”.

Así mismo, la empresa solicitante dio respuesta a las pretensiones de Starbucks y afirmó que “no existe conexividad competitiva entre los productos y servicios de las marcas comparadas”.

Para la Dirección de Signos Distintivos de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), si bien existe una identidad clara entre las marcas en los aspectos gramaticales, fonéticos, visuales y conceptuales, “es importante advertir que dicho presupuesto no es suficiente para establecer su confundibilidad en el mercado (…) no existe relación entre los productos, como quiera que además de encontrarse comprendidos en diferentes clases del nomenclador, difieren en cuanto a su naturaleza”. Por estas razones, concede el registro a Internacional de Cerámicas.

La sociedad opositora, que está a punto de abrir su primera tienda de cafés en el país, no quedó satisfecha con el dictamen y presentó una apelación en enero del presente año. Según argumenta la firma Baker & McKenzie, apoderados de Starbucks, la marca Frappuccino es una expresión de fantasía asociada directamente por los consumidores como una bebida a base de café, leche y hielo de Starbucks Coffee Company. No se trata de una expresión comúnmente utilizada, por lo que debe ser protegida frente a terceros que puedan sacar provecho de la distintividad, prestigio y reconocimiento”.

Álvaro Correa, miembro de Baker & McKenzie, explica que desde hace un par de años empezaron a montar una campaña para restaurantes y cafeterías sobre el uso correcto de la palabra frappuccino. “La mayoría de los restaurantes, en un acto muy loable, se comprometieron a usar la marca con autorización del titular”.

Correa asegura que la importancia de “preservar los derechos de la marca Frappuccino se ven en casos como el Nylon. Antes, era una marca exclusiva pero se vulgarizó y hoy en día cualquier madre pide en una tienda un Nylon para referirse a ese tipo de hilo. No queremos que eso le pase a Starbucks”.

En 2008, la firma estadounidense obtuvo US$2.695 millones solo por las ventas de Frappuccino. Ese mismo año, se invirtieron US$326.420 en publicidad para promocionar la bebida.

Sin embargo, estos argumentos, así como las franquicias en países de Latinoamérica o los seguidores en las redes sociales como Twitter y Facebook no fueron suficientes para convencer al superintendente delegado para la Propiedad Industrial de revocar el fallo proferido por la Superindustria en primera instancia que confirmó el registro a título de Internacional de Cerámicas.

En el caso concreto, “no hay riesgo de confusión o asociación en el consumidor”, dice el fallo.

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