Colprensa

Antanas Mockus Lunes, 26 de septiembre de 2016

Invito a votar con la intención de transformar el Acuerdo en semilla de concordia. Sin odio y sin miedo. Con esperanza y certeza.

Cambiar la manera de llamar las cosas genera tal vez la forma más limpia y aceptable de liderazgo. Ser cuidadosos con las palabras empleadas es tal vez el primer paso en materia de protección de la vida propia y de la vida ajena.

A veces no hace falta cambiar la realidad. Basta con cambiar nuestra manera de verla y decirla. A veces no hace falta la realidad. Podemos inventarla, imaginarla. Al comienzo, según San Juan, había verbo (y nada más). En el Génesis, al comienzo, se separan luz y tinieblas. Todo nace del poder de la palabra. Con su palabra Dios crea y evalúa lo creado y luego nombra. La realidad se deja esculpir por la palabra. Y nombrar, crear y evaluar hacen parte de un mismo acto. El lenguaje es el instrumento todopoderoso. 

Todo nace del acto de usar adecuadamente la palabra. La serpiente logra su cometido mediante la palabra. Es también vía palabra como Adán escucha la invitación a comer del fruto del árbol del Bien y del Mal y se deja tentar a pesar de haber escuchado previamente la prohibición. No escuchar, desatender, es en este caso desobedecer la prohibición, lo cual acarrea una múltiple sanción: la expulsión de Adán y Eva del paraíso, la pérdida de la inmortalidad, la vergüenza por el desacato inducido por las palabras de Eva, previo descubrimiento de la vergüenza ante la desnudez y, por último, la condena a ganarse el pan con el sudor de la frente.

Quedamos advertidos: la palabra es peligrosa. Quien la usa puede ser acusado de decir mentiras, de ser incoherente, de ser ininteligible, de ser injusto. Si no nos dejamos llevar por las emociones, especialmente por las negativas, y no abusamos de la capacidad de escalar el intercambio emocional, podremos con cierto esfuerzo recuperar un estado anímico que nos permita discutir con menos vehemencia y emprender procesos de reconciliación y convivencia. 

Ver y escuchar son formas del respeto. Respetar es voltear a mirar, es no ignorar, es pasar del ver al mirar, es mirar con detenimiento. Pero también respetar es saber pasar del oír al escuchar, del escuchar al atender, del atender al atreverse a hacer preguntas y expresar diferencias. Es asumir que es mejor no romper la comunicación aún a sabiendas de que habría razones para hacerlo.

Siempre hay que dejar la puerta abierta a una nueva mirada y a una nueva lectura. Ayudémonos para que la alegría o la tristeza después del 2 de octubre se acompañen de la férrea decisión de persistir. 

“Justicia transicional” es un nombre relativamente nuevo y un concepto que está transformando a la humanidad. Es un honor que Colombia se haya ofrecido para poner a prueba esa perspectiva. No se trata ni de la ley del talión, ni de ofrecer la otra mejilla. Se trata de saber lo que pasó, de reparar lo que se pueda reparar y sobre todo de evitar que esta dolorosa historia se repita. Cada voto por el sí es una señal adicional a favor del “nunca más”.