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  • Lilian Mariño Espinosa

lunes, 20 de septiembre de 2021

Investigadores señalaron que ad portas de un proceso electoral el debate político no se puede dar en un contexto de represión

En el panel de cierre y conclusiones del foro ‘Movilización Ciudadana: Avances y temas pendientes’, Miguel Gómez Martínez, presidente de Fasecolda, Santiago Garcés, investigador del Cinep y Andrés García, docente e investigador de la facultad de economía de la Universidad Externado de Colombia, explicaron que en el marco del incipiente debate electoral que se llevará a cabo en los próximos meses habrá que analizar cuáles herramientas son las adecuadas para impulsar las movilizaciones, que promuevan el debate democrático, pero desescalar los brotes de violencia que han venido acompañando estas muestras.

En términos económicos, para Gómez Martínez es fundamental atacar este último punto ya que se evidenció que los canales de comunicación entre la protesta social y la economía son fuertes. "En ciertos sectores la protesta fue más dañina que el mismo covid, por ejemplo, para el sector asegurador significó siniestros por más de $240.000 millones y en un país con baja cultura de aseguramiento, los daños se puede decir que podrían ser dos o tres veces por encima de esos cálculos, es decir, cerca de $700.000 millones, lo que claramente frenó el proceso de reactivación".

Por esto, explicó que todos los sectores deben encontrar soluciones al recurso de la violencia como manera de protesta política. Y recurrió a otro ejemplo para evidenciar la relación tan fuerte que existe entre violencia y economía, analizando el caso de los circuitos logísticos de comercio exterior por Buenaventura, que terminaron y siguen perturbados. "Como la parálisis fue tan fuerte, las navieras le cogieron desconfianza al Puerto, lo que se sumó a los problemas que ya tenía. Así que hoy, para que una naviera pare ahí cobra un flete más alto. Los temas económicos terminan afectando a todos, no solo es una cuestión de manifestaciones políticas", señaló.

Precisamente sobre las herramientas y soluciones a largo plazo, Santiago Garcés, investigador del Cinep, explicó que es fundamental que los sectores económicos y políticos en medio del debate entienden la protesta como algo más allá de un problema de orden público y que se alejen del concepto de complot, ya que eso demerita las peticiones reales que hay detrás, que han analizado sí pueden generar mejoras en la economía o en las asignaciones de recursos, por ejemplo.

"En el Cinep tenemos una base de datos de luchas sociales, sobre el problema de la protesta y la violencia, que demostraron que con el paso del tiempo y de forma sostenida, disminuye el uso de tácticas violentas. Es decir, que sí hay una relación entre democratización y una baja del uso de la violencia. Y entonces se dice que se sigue usando la violencia y que no ha disminuido se vuelve al tema de complotismo. Mientras mantengamos esto, las cosas no van a mejorar", agregó.

Acerca del debate electoral del próximo año, agregó que tendrá un enfoque fundamental en qué variedad de capitalismo requiere Colombia, lo que para el investigador sería un tema relevante ya que se analizará es hasta dónde el Estado va a intervenir para poner más recursos en las poblaciones más necesitadas.

Finalmente, Andrés García, concluyó con que la manera cómo se vea la protesta social dependerá de cómo sigamos haciendo el tránsito de un país violento a un después del acuerdo de paz. Para el docente será fundamental "si vamos a lograr la consolidación hacia la paz con un debate democrático, o vamos a entrar en otro ciclo de violencia política, como ya están viviéndolo varias regiones".

Siendo así, para García, el debate pasa por lograr primero, salirnos de la estigmatización, y en segundo lugar, por entender la movilización en el marco de participación ciudadana.

También García aclaró que es importante que se intervenga a tiempo con las herramientas necesarias, ya que esto logra desescalar la violencia en la movilización, que es un síntoma de que hay un vacío de formas institucionales que le permitan a las personas participar de manera eficaz. En este sentido citó el ejemplo de que no se llevó al Congreso la reforma de participación ciudadana, que habría robustecido la manera en que las personas podían participar por vías diferentes en decisiones de Estado.

Por eso también señaló que "no estaba de acuerdo con la tesis de que la manifestación violenta es inevitable, sino que debemos darle a la ciudadanía los medios. Una primera lección es tener las herramientas para desescalar la violencia a tiempo. Lo segundo es tener una disposición como sociedad de reconocer las brechas de la sociedad generadas por el modelo que tenemos2.

Como conclusión puntualizó que como sociedad y como institucionalidad no se aprovechó el gran momento de movilización para dar una respuesta ambiciosa, sino que se dejó apagar y las negociaciones no terminaron concluyendo, por lo que seguramente habrá otros momentos de oleada de movilizaciones y el futuro se definirá en cuál será la respuesta a esta crisis social y económica, rechazando la violencia, pero entendiendo que es un síntoma de agravios sociales acumulados por años y acentuado por la pandemia.

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