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Ripe martes, 7 de enero de 2014

Algunos ejecutivos recurren a derivados y otros instrumentos financieros para asegurar sus blindajes frente a la posible insolvencia de sus compañías en tiempos de crisis o a la incertidumbre regulatoria.

Los directivos de grandes empresas están recurriendo a derivados financieros como instrumentos de protección de sus blindajes frente a la insolvencia o quiebra de sus compañías en tiempos de crisis económica. Contratan derivados financieros, principalmente swaps crediticios (credit default swaps o CDS) y swaps sobre acciones o equity swaps como protección frente al riesgo de crédito de la propia empresa o del valor de sus acciones y stock options.

Esta tendencia que viene de Estados Unidos añade a su atractivo la incertidumbre regulatoria y jurisprudencial que rodea en España a las rentas irregulares.

El Tribunal Supremo acaba de impedir a las empresas deducirse las opciones sobre acciones que dan a sus empleados, como adelantó. Esta sentencia perjudica a las compañías y a sus trabajadores porque puede acabar limitando las retribuciones variables e incentivos.

La decisión del Alto Tribunal se produce meses después de que entrara en vigor el límite a la deducibilidad de indemnizaciones de más de un millón de euros que estableció el Gobierno en la Ley de Medidas Fiscales que acompaña a los Presupuestos de 2013.

En este panorama, gana atractivo la posibilidad de blindar estas indemnizaciones, subraya Andrés Lorrio, socio de Bird & Bird. En el primer caso, la inversión consistiría en la compra de un CDS, siendo el activo subyacente los títulos de deuda corporativa emitidos por la empresa, de forma tal que si la empresa se declara en insolvencia o tiene lugar otro supuesto de incumplimiento, la cobertura del CDS cubriría el valor de la indemnización. Frente a otros mecanismos de protección, la principal ventaja que presentan los CDS es que no exigen el intercambio de fondos, lo que los hace relativamente eficientes desde un punto de vista de costes transaccionales y de liquidez.

Por el contrario, los principales inconvenientes que presentan son que, llegada la fecha de vencimiento, la renovación de un CDS podrá tener un coste muy diferente al inicial debido al riesgo de crédito de la empresa en ese momento. Para protegerse frente a una posible caída en el valor de la acción en el caso de stock options, el alto directivo puede contratar un equity swap, un contrato bilateral en virtud del cual las partes acuerdan el intercambio de ciertos flujos de pago, estando generalmente uno referenciado a un tipo de interés y el otro a renta variable (las acciones de la empresa correspondiente).

Luis Bravo, socio de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, subraya que el éxito de esta innovadora fórmula “depende de su diseño, ya que puede haber supuestos en los que no sea totalmente eficiente desde un punto de vista fiscal por la escisión entre rentas del trabajo y ganancias patrimoniales en los derivados”. Es decir, se utiliza un instrumento de cobertura para algo que se integra como renta del trabajo y que no se puede compensar.

Por último, Silvia Pérez-Navarro, socia directora de la firma de cazatalentos de abogados Iterlegis y experta en retribuciones de directivos, explica que “en España, la inclusión de stock options en el paquete retributivo de los directores legales de empresas no es tan común como en otros países europeos, Reino Unido y EE.UU.”.

En Iterlegis observan entre sus candidatos que “no les desagrada recibir stock options pero tampoco las valoran excesivamente. Sigue primando la importancia absoluta de la retribución fija anual y, en segundo lugar, los beneficios de empresa, tras lo cual se prima la retribución variable y por último las stock options debido a la inseguridad jurídica en materia de fiscalidad que ha imperado en España sobre estos productos, ya que ha habido diferentes reformas de calado que les ha afectado”, remacha.

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