Sábado, 18 de agosto de 2012

Lo difícil no es ganar la lotería sino conservar y acrecentar el recurso obtenido. El ganar la lotería es producto del azar; la administración de lo conseguido, de la prudencia y el ingenio.

Administrar la ganancia puede ser mucho más difícil que obtenerla. Cuando un equipo enfrenta un marcador en contra, tiene un objetivo claro: sobreponerse a la derrota; cuando está ganando, carece de aliciente, entra en condición de inercia defensiva: mantenerse ganador. Las oportunidades que brinda el azar son pocas y perecederas, de lo que se trata es de saberlas aprovechar, para generar riqueza cierta, ganancia permanente.

Jeffrey Sachs, quien asesoró aBan Ki-Moon y Kofi Annan, ex secretarios generales de las Naciones Unidas, en el diseño de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) con horizonte 2015, fue invitado como conferenciante por la Andi a su reciente Congreso Anual reunido en Cartagena. Sachs, considerado por la Revista Time, en los años 2004 y 2005, como uno de los hombres más influyentes del planeta, dio una clave para administrar el equivalente al premio de la lotería, la bonanza minera.

El adagio 'Pueblo de mina, pueblo de ruina', puede ser reversado si los recursos derivados de los commodities, se dedican a la generación de riqueza permanente. ¿Cómo? Invirtiendo en infraestructura y en educación. Las dos inversiones aumentan la competitividad del país, generan posibilidades renovadas de riqueza.

El minero adquiere un recurso del que se despoja la Nación; la Nación resulta más pobre si no capitaliza en desarrollo social lo que recibe. Quien dispone de un recurso, recibe un valor de cambio que debe compensar aquello de lo que dispuso, importe que debe ser destinado a un uso más eficiente pues si lo derrocha estará más pobre que antes de haber explotado la mina, pues, no solo no tendrá el recurso natural, sino que se quedará con las venas abiertas, con los socavones mineros, a cambio de nada. Nada, no porque no recibió, sino porque lo que recibió lo dilapidó.

El capital dedicado al consumo vuelve a los países que adquirieron el material minero explotado y lo regresan al mercado como bien transformado. Total, no hay retención de riqueza por los países mineros, menos transformación, solo pobreza. El dinero obtenido por el ingreso 'lotería' arrastra la moneda al alza en detrimento de otros sectores que por la revaluación pierde competitividad.

No solamente se empobrece la tierra, sino que otros sectores son llevados a la quiebra. Es la venganza agria de la madre tierra. Una política de restricción en vacas gordas no es popular; es más fácil gastar la lotería que disciplinar el consumo. El consumo es populista, no responsable.

Sachs propone un desarrollo sostenido: los recursos obtenidos por la explotación minera deben llevarse a usos más eficientes que transforman la riqueza natural enajenada en riqueza social perenne. Propone dos usos: la generación de infraestructura en donde la inversión irradia bienestar generalizado pues de una parte abre fuentes de trabajo y de otra, mejora las condiciones competitivas de la economía al acercar al productor con los centros de acopio, de exportación y de consumo. El segundo uso, que Sachs enfatiza, lo constituye la inversión en formación de capital humano. La educación es una inversión generosa, que se renueva generación tras generación; cada persona educada es un multiplicador social del conocimiento adquirido que aumenta los niveles de cultura y nos inserta en el humanismo global.

 

 

Fernando Álvarez Rojas

abogado

fernandoalvarezrojas@hotmail.com