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  • Andrés Hoyos

viernes, 31 de mayo de 2013

Mientras Colombia y Venezuela vivían sus relaciones más complejas en lo que recuerde la historia de ambos países, el ex Presidente venezolano Hugo Chávez invitaba a una pública y reconocida contradictora del Gobierno del ex Presidente Álvaro Uribe Vélez. Piedad Córdoba, en su momento senadora de Colombia, aparecía frecuentemente en reuniones, imágenes, programas de televisión y eventos, de un gobernante que alcanzó a ordenar movimientos de tropas militares a nuestra frontera en Cúcuta.

Mientras Colombia y Venezuela vivían sus relaciones más complejas en lo que recuerde la historia de ambos países, el ex Presidente venezolano Hugo Chávez invitaba a una pública y reconocida contradictora del Gobierno del ex Presidente Álvaro Uribe Vélez. Piedad Córdoba, en su momento senadora de Colombia, aparecía frecuentemente en reuniones, imágenes, programas de televisión y eventos, de un gobernante que alcanzó a ordenar movimientos de tropas militares a nuestra frontera en Cúcuta. 
 
El Presidente de Colombia, legítimamente elegido por una amplia mayoría de votantes y en su genuino derecho a reunirse con quien se le dé la gana, recibió esta semana al candidato presidencial venezolano Henrique Capriles, el cual y para la mayoría del mundo entero, tristemente no pudo ganar la elecciones de su país debido al discurso del pajarito y al mortal sex appeal de un pequeño canario, que aunque en cuerpo de gorila, hace las veces de maestro de ceremonias de una ideología que está mandada a recoger con cáscaras de plátano. 
 
Nicolás esta semana, entre sábanas y turbantes, inodoros sin papel higiénico, cabellos sin pelo, revolución sin gente y discursos bajo cero, despelucó su tupido bigote para dejarnos ver entre sombras que no tiene ni la más remota idea, vocabulario y estrategia, para acompañar su gran discurso que afirma que “desde Bogotá se está iniciando una campaña sucia contra ese Gobierno”, según él, legitimo.
 
Hay que ver como Diosdado, envuelto en su uniforme verde biche, aún no maduro, y con los botones a punto de reventar; recordándonos con su agradable presencia que estuvo vinculado en su momento por la DEA por aparentes vínculos con el narcotráfico, dirige una gran cantidad de amenazas contra un pueblo que está acostumbrado a reunirse con quien se le dé la gana, un pueblo en el que afortunadamente y a pesar de sus serias dificultades, aún puede hablar sin temor a sanciones de su Gobierno.
 
No ha sido una semana fácil para Nicolás y Diosdado, no por la visita de Henrique a Colombia, sino porque ya están agotando los distractores para ocultar que su país lo tienen vuelto una cáscara y lo peor es que no hay papel higiénico para limpiarla. No hay turbante que alcance para desempolvar ese desastre, no hay pelos que aguanten en una cabeza recalentada y mucho menos, hay cuentos infantiles de pajaritos volando que al batir de sus alas bendigan las travesuras de Nico.
 
Oyendo las declaraciones de estos dos magos, es imposible olvidar aquel homenaje que le hizo el pajarito de Nico a un monstruo que le causó tanto daño a Colombia, es improbable olvidar que este pajarito pequeñito y gordito dormía y lloriqueaba plácidamente en su turbante cada que se le daba la gana y más increíble olvidar que Nico hacía travesuras y campañas de desprestigio en Latinoamérica en contra del país que tanto dice que quiere. Ojalá le hayan ofrecido a Henrique un buen bocado en su visita, ojalá no le hayan ofrecido Maduro, ni con pelo, ni biche, ni sancochado en turbante, ni podrido, él ya debe de estar aburrido de tener que decirle al mundo entero que NO le gusta ese alimento, que el pajarito era otro y que mientras él esté en plenas facultades no se lo come ni en papilla, así como tristemente quedará su país si siguen eligiendo como lo hacemos acá en Bogotá, con las patas.
 
Con mucha pena, hay que decirle al aprendiz Nico, que en este país recibimos a todo el mundo con nuestra mejor cara y que nunca vamos a dejar de hacerlo, más allá de sus amenazas desesperadas, sus gritos depresivos y sus patadas de ahogado, acá no va a entrar señor a decirnos con quien hablar y a quien callar. Usted, su pajarito, sus historias traídas de los Cabellos, envueltas en turbantes opresivos e indignos, pueden dedicarse a pintar historias geográficas en donde Portugal y Venezuela estén en el mismo continente y en donde las mitades sean tal cual usted las definió: “una mitad mayoritaria” y otra mitad que para usted no signifique nada.
 
Desde Colombia compartimos el sentimiento de impotencia y contradicciones  que están viviendo nuestros amigos venezolanos. Así como Cabello no es el apellido más indicado para alguien sin pelo, Maduro no es el adecuado para alguien que apenas está gateando.
 
LA REPÚBLICA +

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