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Luis Guillermo Blanco viernes, 23 de noviembre de 2012

El pueblo colombiano, todavía adormecido por el discurso del presidente, empieza a despertar del letargo.

La tediosa y larga lectura de fallo de la Corte Internacional de la Haya, pudo tener un componente más político que jurídico si se analiza lo que determinó a lo largo del mismo. Mientras el discurso no se cansaba de confirmar todas y cada de las pretensiones de Colombia en cuanto a los Cayos, finalmente, cuando decidió los límites, lo importante del litigio, cambio la tónica. Probablemente la Corte quiso ser salomónica.

El fallo a favor de Nicaragua, más que un reconociendo a las tesis expuestas por ese país, a través de sus abogados, fue un despojo miserable a Colombia.

Para los colombianos es doloroso el fallo; nos dieron en la centro del corazón. La Corte le sustrajo al país de un manotazo, más de 100.000 kilómetros de mar; a cambio nos ratificó la soberanía de Quitasueño y Serrana, unos cayos, que como si se tratara de apurar la  burla, nos las enclavó  en agua nicaragüense.

En este litigio la soberanía de San Andrés y Providencia no estaba en discusión, pues el tratado Esquerra – Bárcenas de 1928  de 1928, había sido declarado legítimo.

Los perjuicios para Colombia son incuantificables. Los colombianos atónitos no entendemos todavía, cómo es posible que de un día para otro, nos cambien tanto el mapa y la vida. Más de cinco mil raizales que viven de la pesca artesanal, se verán precisados a nacionalizarse en Nicaragua, a menos que el gobierno colombiano les brinde apoyo y opciones de trabajo. Pero la cosa no para ahí, el espacio aéreo, la navegación y el turismo de la Isla, se verán muy comprometidos.

Ahora bien, la cuestión no se limita a una asunto eminentemente diplomático, como algunos sugieren, salir despavoridos a buscar misericordia, no señores, dentro de la tragedia debe haber dignidad, hay que trazar estrategias, diseñar planes, sabemos que el gobierno de Ortega es poco proclive al nuestro, es más, la celebraciones en Nicaragua han estado enmarcadas en ofensas. Lo que sí debemos hacer es explorar fórmulas comerciales: Colombia tiene muchas cosas para

ofrecer: Petróleo, gas, alimentos, etc., o para comprar.

Yo sí creo en la renuncia de la canciller, pues si bien la Corte Internacional de la Haya no emitió el fallo en consideración a sus declaraciones, la Ministra ha obrado con imprudencia, con mucha soberbia; el país no la ve con buenos ojos. Su permanencia se hace cada vez más antipática e insostenible.
 

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