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Abelardo De La Espriella lunes, 13 de enero de 2014

En febrero del año pasado escribí una columna titulada “Otra farsa más”. En ese momento denuncié lo absurda e irrisoria que resultaba la multa que le impuso el Gobierno Nacional a la multinacional Drummond, por cuenta de un vertimiento de más de cinco toneladas de carbón en el lecho marino de la bahía de Santa Marta. La tan “cacareada” sanción fue una burla (el equivalente a la caja menor de un día de esa compañía), y lo que mal empieza, mal termina: la Drummond sigue haciendo lo que le da la gana: envenena sin remordimientos el ambiente por cuenta del cargue de carbón en barcazas. Como consecuencia de lo anterior, el mar se convirtió en una verdadera cloaca. Para colmo de males, además hicieron en el pasado pactos criminales con grupos ilegales, y ahí están, campantes, como siempre. Para ellos no hay ley que valga.

Mientras míster Drummond juega golf en los mejores campos del mundo, en Colombia tenemos que recoger y pagar con creces las inmundicias de su actuar y de lo que hace su oscura gente. Para nadie es un secreto que las playas de Santa Marta literalmente se acabaron. Comer pescado fresco se ha vuelto un milagro, y lo que antes era un paisaje maravilloso, hoy es la prueba fehaciente de la ignominia a la que viene siendo sometida la ciudad, que, dicho sea de paso, carece de una clase dirigente y empresarial capaz de defenderla como corresponde. 

El “tatequieto” de la Drummond debieron ponérselo hace años; pero no. Los gobiernos de turno han preferido contemporizar con el gigante minero, para no perder el sucio dinero que le paga al Estado por concepto de regalías y una que otra jugosa comisión por debajo de la mesa a quién sabe quién. ¿De qué sirven la plata y los puestos de trabajo que proveen, si eso implica la depredación de los recursos naturales? Cuando chupen toda la sangre, como los vampiros de las películas de terror, dejarán tirado el cuerpo sin alma de nuestras desgracias.

¡Quién fuera la Drummond para poder hacer lo que fuera! Nada se sabe de las investigaciones por los estrechos nexos de varios de sus miembros con paramilitares (hasta de asesinatos selectivos se habla). Al día de hoy, si acaso habrá tres “gatos” de esa compañía procesados. ¿Y los altos ejecutivos qué? ¿Todo fue a espaldas de míster Drummond y sus esbirros? No solo presidentes y ministros han permitido que la Drummond haga y deshaga, también la justicia ha sido laxa.

Si como el mismo presidente Santos lo señaló esta semana, la Drummond  “incumple la ley”, yo agregaría, de manera descarada y cínica, lo que corresponde en derecho entonces, es CADUCAR EL CONTRATO y no seguir promoviendo multas que son un chiste. Así de sencillo. El problema no se arregla con pañitos de agua tibia. Hay que tomar decisiones contundentes; de esa forma, se crearía un precedente que evitará que otros “vampiros” vengan a hacer de las suyas. 

Lo he dicho muchas veces: ya es hora de que la protección del medio ambiente se vuelva de verdad una política de Estado. El Gobierno Nacional puede empezar a trabajar seriamente en el tema, por ejemplo, quitándoles las Corporaciones Autónomas Regionales a los políticos. Ese sería un gran paso.

No estoy en contra de la minería. Simplemente pienso que la explotación que realizan en territorio colombiano las multinacionales debe ser responsable con el ecosistema y con un alto sentido social de ayuda a la comunidad; de lo contrario, generaría más daños que beneficios y así no sirve.

La ñapa I. Mientras en Colorado legalizan la marihuana, en Colombia seguimos poniendo los muertos de la prohibición.

La ñapa II. El salario mínimo quedó muy mínimo. ¡Qué infamia!

La ñapa III. El mal llamado festival de música Summerland, realizado en Cartagena, es una prueba más de la decadencia y la crisis que vivimos.

La ñapa IV. ¿Qué impulsa al Gobernador de Sucre?, ¿la vanidad, la ambición de su familia, o ambas cosas?

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