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sábado, 26 de noviembre de 2022

El pleito judicial, que sucedió durante la década de los 90, se convirtió en un caso de estudio en varias facultades de derecho en el mundo

Muchas teorías económicas parten del supuesto de que el consumidor es racional, a pesar de que en la vida real no siempre es así. Esa, al menos, es la conclusión del caso que enfrentó en los 90 a Pepsi y John Leonard, un ciudadano que demandó a la multinacional porque no le entregó el avión de combate que ofreció en un comercial de televisión.

El pleito, que volvió a sonar por cuenta del documental ‘Pepsi, Where’s My Jet?’ lanzado por Netflix, se convirtió en un caso de estudio en las aulas de las facultades de derecho por las lecciones que deja sobre protección al consumidor y publicidad engañosa.

LOS CONTRASTES

  • Gabriel IbarraSocio de Ibarra Rimón Law

    “Este es un caso que está en límite porque cualquier persona sensata entendería que se trata de una publicidad, que es el mundo de la exageración. Sin embargo, el consumidor muchas veces es irracional”.

En su apuesta por ganar la guerra de las colas, Pepsi lanzó un programa de redención de puntos a cambio de productos como gafas, maletas y gafas de sol. El comercial promocional incluía la posibilidad de obtener un avión de combate Harrier a cambio de siete millones de puntos.

Los publicistas que diseñaron la pieza explicaron que escogieron una cifra absurda para que fuera obvio que se trataba de una broma. Para lograrlo habría sido necesario tomar 190 latas de Pepsi al día durante 100 años.
Sin embargo, como nada indicaba de manera explícita que fuera un chiste, Leonard se tomó el comercial en serio y encontró una forma de hacerse al avión: era posible comprar puntos a US$0,10.

De esa forma habría conseguido un premio de US$30 millones con una inversión de apenas US$700.000.
El plan parecía perfecto, pero cuando envió el cheque a Pepsi solicitando a cambio el avión, la compañía dijo que no existía porque se trataba de un chiste.

“Este es un caso que está en límite porque cualquier persona sensata entendería que se trata de una publicidad, que es el mundo de la exageración. Sin embargo, el consumidor muchas veces es irracional, entonces se vuelve más complejo”, explicó Gabriel Ibarra, socio de Ibarra Rimón Law.

En todo caso, agregó, este se convirtió en un caso de estudio, en parte, por los errores legales que cometió el área jurídica de Pepsi al permitir la emisión del comercial. “Aunque era poco creíble, dieron con alguien se interesó y el tema pasó a los estrados judiciales por descuidos legales de la compañía: no poner en ningún lado la advertencia de que se trataba de un chiste, habiéndolo hecho en otros países; y permitir la compra de puntos, porque sin esa posibilidad habría sido casi imposible redimir el avión”, agregó.

El pleito se resolvió a favor de Pepsi y un juzgado resolvió que el comercial era una broma.
En Colombia también se han presentado casos similares, como el de Revertrex. En 2010, la SIC sancionó por publicidad engañosa a la compañía por piezas publicitarias que decían ‘Amparo Grisales “revela” su fuente de la eterna juventud: Revertrex’ y ordenó retirarlas porque no había pruebas de que el producto retrasara el paso de los año.

Además, se presentó una demanda contra RedBull argumentando que no da alas; y otra en contra de Bonfiest Plus porque no quita el guayabo.

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