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Juliana Ramírez Prado - jramirez@larepublica.com.co sábado, 1 de octubre de 2016

Ya pasó la histórica votación y aunque se destaca la euforia de la gente, queda un sinsabor sobre las prácticas de algunas campañas hechas a favor del sí y del no. Bajezas, infamias y acusaciones fueron el común denominador de ambos bandos.

Los del no difundían mentiras sobre lo pactado, al tiempo que mezclaban la religión y la identidad de género, que nada tenía que ver con los argumentos. Mientras los del sí, planteando la esperanza y la posibilidad de una nueva Colombia, se contradecían con la actitud que tomaban ante una persona que pensara distinto.

¿Cómo es posible que amigos y familias se dejen de hablar por tener posturas distintas? Espero que ya pasadas las elecciones, ambas partes reflexionen sobre los fanatismos y pasiones desbordadas que no llevan a nada.

La construcción de la paz, independientemente de si se está de acuerdo con lo pactado en La Habana o no, implica la tolerancia y la aceptación de las diferencias del otro.

Por último, queda claro que las redes sociales son un elemento fundamental en la vida de muchas personas, pero no pueden ser la única fuente de información. 

Falta poco para las elecciones presidenciales y lo ocurrido en estos últimos meses debe abonar terreno para defender ideas sin pasar por encima de los demás

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