Juliana Ramírez Prado - jramirez@larepublica.com.co Lunes, 28 de marzo de 2016

Pasó el 23 de marzo y Colombia efectivamente llegó a La Paz pero como se parodió en redes sociales para disputar un partido de eliminatoria contra la Selección de Fútbol Boliviana. De hecho, desde que el presidente Juan Manuel Santos anunció la errada fecha para concretar las negociaciones en La Habana, muchos han sido los escépticos.

Sin embargo, es propicio empezar a pensar que son más de 17.000 desmovilizados los que se prevé se reincorporen a la sociedad en el posconflicto. En esta medida, lo más difícil de este proceso no es que las partes se pongan de acuerdo para terminar la guerra y todo quede plasmado en un papel, sino que la implementación sea exitosa y ello no depende únicamente del Gobierno.  

Entre las tareas más difíciles de esa etapa, que no está tan lejana, está el entendimiento por parte de todos los actores de la cadena sobre que un país en paz es más rentable que uno en guerra y se creen condiciones equitativas para lograr  una economía fuerte e igualitaria, como lo propuso Todd Howland, alto comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Colombia. La paz llegará después de más de cinco décadas solo sí los colombianos nos comprometemos a aportar y no dejamos todo, como es costumbre, en manos del Estado.