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Gabriel Melo Guevara sábado, 30 de noviembre de 2013

Nuestra política internacional en el mar Caribe sigue a rastras de Nicaragua. Y así continuará por los siglos de los siglos mientras Colombia no se resuelva a tomar la iniciativa, plantarse para defender sus derechos y demostrarle a la comunidad internacional que no cederemos ni un centímetro más de nuestro territorio, ni una sola gota de agua de nuestros mares, ni permitiremos que otros se los lleven, ni miraremos para otro lado cuando intenten hacerlo, ni confiaremos en nuestra capacidad de improvisación sin prepararnos para afrontar todas las eventualidades.

Nicaragua seguirá molestándonos: ya se apoderó de la Costa de Mosquitos y consiguió que la Corte de La Haya dijera que 75 mil kilómetros cuadrados de mar colombiano serán suyos. Pero no descansa. Estos mordiscos le abrieron el apetito. Ahora viene la demanda sobre plataforma continental. No cesan de reclamar a San Andrés. Solo falta que pidan toda nuestra costa Atlántica colombiana. 

Las pérdidas en el Caribe han sido enormes. Panamá se fue. La Mosquito cambió de dueño. Nos raparon una extensión de mar territorial más grande que los departamentos de Cundinamarca, Valle del Cauca, Caldas, Risaralda, Atlántico, Quindío y Sucre juntos… 

Y mientras pensábamos qué hacer, Nicaragua celebró contratos para la construcción de su Canal, como si hubiera conocido por anticipado la sentencia de la Haya, otorgó concesiones para explotar petróleo en zonas que todavía no nos habían quitado, y nos demandó para conseguir extensiones mayores usando la plataforma submarina como pretexto. Todo esto con la complacencia de sus aliados del socialismo del Siglo XXI y de países que, como Rusia y China, encuentran la forma de colocar una cabeza de playa en este hemisferio, a unos pocos kilómetros de los Estados Unidos. 

Los chinos construirán su canal y los rusos envían misiones militares a Managua, fondean barcos de guerra en sus costas, anuncian que estarán de su lado si se presenta un conflicto, y envían a sus bombarderos más grandes a sobrevolar el espacio aéreo colombiano. Y para completar, Nicaragua invita a otros países a recorrer zonas marítimas que no son suyas. Algo así como darles permiso a terceros para meterse a la casa del vecino. 

La Asamblea Nacional de Nicaragua autorizó hace unas horas a Estados Unidos, Rusia, Cuba, México y Venezuela a patrullar en áreas marítimas que supuestamente les regaló la Corte de la Haya. 

Podrán ingresar tropas, naves y aeronaves militares de Estados Unidos para patrullar junto con los nicaragüenses “particularmente en los espacios marítimos delimitados por la Corte Internacional de Justicia”. El pretexto es luchar contra el narcotráfico. 

Los militares, naves y aeronaves de Rusia llegarán, además, para un intercambio de experiencias y adiestramiento durante el primer semestre del año entrante. 

Los militares, naves y aeronaves de Cuba, México y Venezuela entrarán para “adiestramiento y ayuda humanitaria” 

Es un recurso para protocolizar el despojo, mientras en nuestra Cancillería piensan qué hacer. Cuando lo decidan, las áreas en disputa estarán llenas de embarcaciones de diversos Estados que, al enviar allí sus naves, las reconocerán como aguas nicaragüenses, mientras aquí se discute si acatamos o no la sentencia y cómo implementamos su ejecución. 

Se supone que desde hace años nuestros Gobiernos tienen estudiadas las diferentes eventualidades y trazadas las estrategias para afrontarlas. ¿Cuál es la aplicable en este caso? 

¿O esta vez también nos sorprendieron? 

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