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Natalia Cubillos Murcia - ncubillos@larepublica.com.co lunes, 16 de mayo de 2016

Que se firme la paz en La Habana daría cuenta que entre los líderes del Gobierno, como de la guerrilla de las Farc, hay intención de que la guerra de más de 50 años termine. Pero esto no es nada si no hay una implementación legítima desde el papel y si los guerrilleros que están en Colombia no secundan el alma de los acuerdos y en realidad dejan las armas para reintegrarse a la sociedad. 

Por un lado está que desde lo normativo queden claros los procesos de la llegada de los excombatientes a la sociedad y la justicia que les será aplicada, pero por el otro está el cómo los ciudadanos conciben lo que está pasando en La Habana. Si estarían dispuestos a compartir con vecinos que han dejado las armas para ser considerados ciudadanos activos de la sociedad. 

Es momento que las voces radicales no se vuelvan ‘tibias’, sino constructivas. Si de verdad quieren la paz sin impunidad hagan lo propio desde la ley para ser veedores de los acuerdos que beneficien a todos y construyan un futuro en el que el Gobierno deberá dejar de preocuparse de la guerrilla y se enfoque en otros problemas, también de seguridad, que abundan. 

La muestra de Yanhaas preocupa mucho. Preocupa que seis de cada diez personas desaprueben la gestión del Gobierno en el proceso de paz, porque, al menos por la intención del Gobierno, se espera que los acuerdos terminen siendo refrendados por la posición civil. Es hora de  pensar que un país sin guerrilla sí es posible y que todos somos parte de la solución. 

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