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Humberto Suárez Gómez domingo, 25 de noviembre de 2012

Con ocasión de los recientemente instalados diálogos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, es el momento de hacer una análisis reflexivo sobre el papel que juegan los medios de comunicación dentro de estos procesos e incluso el papel que han venido jugando en la guerra con la que Colombia ha venido conviviendo en las últimas décadas.

El Ministro de Defensa hace unos meses solicitaba a los medios de comunicación, abstenerse de informar acerca de los actos violentos de la guerrilla, argumentaba su solicitud en la responsabilidad de los medios de no contribuir a darle publicidad o propaganda al terrorismo; incluso por la misma época, el propio Presidente de la República afirmaba que sin medios de comunicación no habría terrorismo, dando a entender que los terroristas cometían sus actos violentos para atraer la mirada de los periodistas.

Hace días los colombianos presenciábamos a través de la televisión la instalación de la mesa de diálogos de paz desde Hurdal – Noruega, de repente, los canales privados suspendieron la transmisión justamente cuando lo único que restaba era la rueda de prensa en la que la comisión negociadora de las FARC-EP.

Es muy posible que esta censura corresponda al acato que estos medios están realizando de las recomendaciones realizadas por el Ministro Juan Carlos Pinzón, o simplemente a ese paradigma inconveniente que se ha venido creando desde hace unos 10 años en la sociedad colombiana. La experiencia me ha enseñado que cada ser humano actúa y se expresa dentro de los límites de su propio paradigma de acción y pensamiento, en ese orden de ideas me parece apenas lógico que el Ministro Pinzón considere que el hecho de que el periodismo y los medios de comunicación cumplan con su responsabilidad social de dar el cubrimiento debido a los actos violentos o no violentos de la guerrilla de las FARC, constituya para él una forma de propaganda o promoción de dicha guerrilla. Dentro de esta lógica, se podría concluir entonces, que cuando el periodismo y los medios de comunicación dan cubrimiento a los actos violentos o no violentos del gobierno y sus fuerzas militares, esto también constituye una forma de propaganda o promoción del gobierno de turno. Considero que el país requiere de unos medios de comunicación imparciales, sin embargo la objetividad y la imparcialidad siendo siempre deseables también son difícilmente alcanzables en su totalidad.

En tal sentido le corresponde a los medios en su deber de comunicar, mostrar al menos dos caras de las muchas más que puede tener una información determinada, para que sus productos informativos puedan ser considerados cercanos a la imparcialidad. Lo que presenciamos los colombianos esa mañana con la censura a la rueda de prensa, obedece a ese paradigma que, si bien, no es autoría del Ministro actual, si nos confunde y nos ha llevado a posiciones tan peligrosas para la democracia como la de acusar de promotores o cómplices del terrorismo a aquellos periodistas que se arriesgan a cumplir con su responsabilidad social y se preocupan por cultivar fuentes en los tres bandos que componen esta guerra (Estado, Guerrilla, Paramilitarismo).

Mi posición frente al actual proceso de paz la catalogo dentro del positivismo mesurado, sin embargo es importante que el periodismo haga una reflexión sobre su papel informador y sea posible dejar de leer expresiones como: “el discurso radical”, “lo viejo y obsoleto de siempre”, “su no disposición a los cambios” que definitivamente nos alejan cada día más de una posibilidad de paz y reconciliación nacional.
 

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