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Sábado, 7 de julio de 2012

Como una forma de lograr que la sociedad olvide lo ocurrido con la archivada reforma a la justicia, el doctor Santos ha vuelto a poner sobre el tapete de las discusiones públicas el tema de la Vicepresidencia, y ha dicho, como si él fuera el titular del Poder Constituyente: ‘Estoy evaluando la posibilidad de acabar con la figura de la Vicepresidencia, porque era mejor la de la Designatura. Más conveniente y menos costosa. Si hay ambiente para eso, lo hago’.

 

No expresa los motivos para calificar como más conveniente una institución que la otra, ni se detiene a considerar tampoco cuál de las dos es más democrática.

Eso -pensará- no importa. Importan los costos, y sobre todo la oportunidad de 'quitarse de encima' a su propio Vicepresidente, a quien no puede destituir y que se le ha vuelto incómodo por su tendencia a ejercer el derecho de opinión.

La misma motivación de la fracasada candidatura de Angelino a la presidencia de la OIT.

PERO CABEN ALGUNAS INQUIETUDES:

En primer lugar, la angustia presidencial es comprensible, no solo por el penoso asunto de la malhadada reforma -que presentó como conveniente, la apoyó hasta el final como conveniente y hasta como necesaria, y hundió como inconveniente-, sino por los resultados de la última encuesta, en que su popularidad sufrió duro golpe.

En segundo término, proponer la eliminación de la figura en este momento es cuando menos inoportuno, si no desconsiderado, cuando el titular del cargo está apenas saliendo de cuidados intensivos.

Ahora bien, ya que a los veintiún años de la Constitución está el Gobierno empeñado en remendarla más de lo que está -treinta y siete reformas, hasta ahora-, se debe reconocer que en lo referente a esta institución no fue muy afortunada la Asamblea Constituyente, pero no por lo costosa, ni porque sea el pueblo el elector, sino por no haber asignado unas precisas funciones al Vicepresidente.

La única que hoy tiene con certeza es la de reemplazar al Presidente en sus faltas absolutas o temporales.

En lo demás, el ciudadano elegido depende del mayor o menor juego que le quiera dar el presidente de turno, quien lo puede nombrar embajador o ministro, o confiarle ciertos encargos o misiones -lo que debería hacer mediante acto expreso y público-, o simplemente dejarlo 'en la banca', como cuando los entrenadores no quieren que los futbolistas ingresen a la cancha.

Lo que sí es cierto es que la figura de la Vicepresidencia ha sido motivo de arduas controversias, particularmente en el terreno político, desde los albores de nuestra organización republicana, en la época de los generales Bolívar y Santander, y a comienzos del siglo pasado, en tiempos de Ramón González Valencia.

Una reforma bien pensada; preparada para que sirva de algo más que de 'cortina de humo', bien podría ser llevada al Congreso y expuesta al país para su consideración.

En todo caso, si se llegara a suprimir la figura de la Vicepresidencia, tendría que ser para el futuro. No se podría interrumpir el mandato de Angelino, elegido popularmente.

José Gregorio Hernández

ex magistrado

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